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DOMIGO 19B

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ORACIÓN

Porque todos, Señor, tenemos hambre de ti,
no nos dejes pasar por la vida sin regalar nuestra risa,
las caricias, los detalles...

Porque tenemos hambre de ti, Señor,
hemos de llenar la tierra de confidencias,
de nuestro ser amigos,
de crear buen clima de vecinos,
de generar ambiente cálido entre los compañeros,
de saber agradecer todo lo que la vida nos regala,
de intentar comprender a todo el mundo

Porque Tú sacias nuestra hambre infinita,
ayúdanos a compartir con los demás la alegría del nuevo día,
la ternura de vivir en compañía,
la ilusión de disfrutar cada momento,
la emoción de poner amor en todos,
la sorpresa de lo nuevo de cada persona,
la salud del enfermo acompañado,
el compromiso con el mundo injusto y frío.

Porque el mundo tiene hambre de Dios,
impúlsanos a hablar de ti con sencillez,
a contar lo que vas haciendo en cada uno,
a recordar que Tú liberas de toda atadura,
a acompañar vidas, haciéndote presente,
a ser chispa alegre y cotidiana,
a cambiar la rutina por tu vida en abundancia,
a entusiasmar con la revolución del Evangelio,
y a ser buena noticia en donde estemos,
pues Tú estás en nosotros para hacernos como Tú.


NADIE TOQUE ESTE PAN SI NO HA CREÍDO EN DIOS

LA COMIDA

ESTAMOS reunidos y a la mesa:
nadie toque ese pan si no ha creído en Dios,
no acerque a sí ese vaso clarísimo
si no agradece al mar el nacimiento.

Estamos a la mesa. Nadie sirve,
está en orden el orden,
apretamos nuestra emoción,
pensamos la relación que nombra la esperanza
de los que se arrepienten.

Reunidos cantamos.
Una bóveda íntima recoge nuestra voz desde lejos.
Cantamos muy bajito, con las manos sobrecargadas,
arpas de la limosna.
Cantamos todos
(quien no conozca el coro que pregunte
a ver qué respondemos).

La casa está sin ruidos.
Sentados resollamos y esperamos.
Afuera rueda el sol su dura cáscara de oro,
gasta sus fraguas por el mundo.
Dentro tenemos brasa de romeros,
una bombilla pobre peleando en las sombras,
subiendo cuestas.

Estamos a la mesa.
No agradecemos nada,
nos callamos
la poca lumbrecita que nos quema
porque la duda es libre.
Sólo la tierra que los gañanes aran,
sólo el trigo en el troje sagrado
y sólo el Cristo con su hermosa victoria vence al hombre.

Estamos reunidos. Nadie bese, ni cante,
ni suspire, si no cree en Dios.

Baje la luz de parte nuestra,
nazca para nosotros la esperanza,
dure el tiempo, más sabio que los sabios,
y amanezca.

Estamos reunidos a la mesa.
Esperamos que alguno se adelante,
nos reconozca y nos dé libre el nombre: padre, madre, hermano,
mujer querida, esposa o novia;
alguien esperamos que pueda repartirnos
los pescados, los vasos tan clarísimos
y el pan que nadie toca porque teme.

Eladio Cabañero

Jueves 6 de agosto de 2015, por Parroquia Corazón de María (Zaragoza)


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