DOMINGO XXIV (A)

PERDONAR ES, TAMBIÉN,
LIBERARSE DE UN DOLOR INÚTIL

Si no perdonamos de corazón a quienes nos han ofendido, qué sentido tiene rezar el Padrenuestro. Dios siempre será más misericordioso que nosotros.

El capítulo 18 del evangelio de Mateo es conocido como el discurso eclesial, el discurso de la comunidad, de la vida de los creyentes.

El perdón, perdonar, para los seguidores de Jesús es una realidad vital, es el corazón del evangelio, es un estilo de vida.

 

PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

SALUDO:

El Señor nos reúne de nuevo en el domingo y se hace presente en medio de nosotros al celebrar la Eucaristía.

Jesús nos va a plantear hoy la radicalidad del perdón. Los cristianos, como miembros de una Iglesia e hijos de Dios nos sabemos ya perdonados. A la vez, estamos necesitados de perdón. Pero no podemos pedir perdón a Dios y sentirnos perdonados, si nosotros no hacemos lo mismo con nuestros hermanos.

Disponemos nuestro corazón para este encuentro con el Señor y con los hermanos.


PERDÓN
1. El perdón es abrirle de nuevo la puerta del corazón a alguien…. SEÑOR, TEN PIEDAD
2. El perdón es decirle de nuevo: Te quiero. Me importas….Te necesito en mi vida…. CRISTO, TEN PIEDAD
3. El perdón es curar su herida y la nuestra ….Unir manos y corazones… SEÑOR, TEN PIEDAD.


Primera Lectura.
Dios, que siempre perdona, debe ser nuestro modelo.

Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.
                                                                      Palabra de Dios

Segunda Lectura
Acabamos hoy el último fragmento de la importante carta de San Pablo a los Romanos, que durante muchos domingos hemos venido leyendo. Nos invita a caminar juntos, pues en la vida y en la muerte, somos del Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.
                                                         Palabra de Dios

Evangelio
Jesús en el Evangelio nos aclarará las dudas que tenemos sobre cómo hemos de perdonar. Nos resulta más fácil ser perdonados que otorgar nuestro perdón.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
                                                                    Palabra del Señor


PETICIONES

•Por la Iglesia, para que sea signo visible del perdón que Dios nos regala cada día. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por los que viven continuamente en las profundidades del odio y del rencor, para que el Señor los ilumine y puedan experimentar la liberación y el gozo de vivir la paz y la reconciliación. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por las víctimas de la violencia, el terrorismo, las guerras y sus familias. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por los gobernantes de pueblos y naciones, para que no olviden que su misión es servir a sus ciudadanos, velando por la paz y el bienestar de todos. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por los maestros y educadores, para que con su labor ayuden a construir un mundo de hombres y mujeres libres, conscientes y generosos. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por todos nosotros, para que la participación de la Eucaristía nos haga experimentar la alegría de sentirnos acogidos, amados y perdonados por Dios y llevemos esos sentimientos a nuestra vida diaria. ROGUEMOS AL SEÑOR.


Historias para el camino del perdón

 

Un exitoso judío, que había estado
en un campo de concentración nazi,
se enteró de que su más querido compañero de aquellos tristes días
se hallaba enfermo y solo.

Lo buscó y lo halló en la miseria.

—¿Ya perdonaste a los nazis? le preguntó en un momento.
—No, contestó el moribundo con vehemencia
de ninguna manera. Todavía los odio con toda el alma.
—Entonces, —concluyó el visitante— te tengo una
mala noticia: ellos todavía te tienen prisionero.


A una señora que celebraba sus bodas de oro de matrimonio le preguntaron sus hijos por el secreto de su largo y feliz matrimonio.
La señora les contestó: El día de mi boda decidí hacer una lista de las 10 faltas de mi marido que pasaría por alto para salvar mi matrimonio.
¿Y cuáles fueron esas 10 faltas de la lista?
A decir verdad nunca escribí la lista. Pero cada vez que mi marido hacía algo que me molestaba y que me subía por las paredes le decía: tienes suerte, bandido, porque eso no está en mi lista.


Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo
para el otro, y por eso, no queremos perdonar.
Pero, pensemos: ¿ quién sufre: el que odia o el que es odiado?

El resentimiento destruye sólo al resentido.
Por eso es una locura odiar: es como un veneno que tomamos a diario, a gotas, y que finalmente nos termina envenenando y sin saber ya vivir sin él.

Además la falta de perdón te ata a las personas que odias desde el resentimiento. Te encadena a quien quieres separar de tu vida.

Perdonar no significa darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos y sentimientos negativos que nos causaron dolor o enojo. Es dejar de cargar un peso inútil, que bloquea nuestra alegría y tranquilidad.
Es dejar cicatrizar una herida y no estarla abriendo constantemente por autocompasión.


SIGNIFICADO DE LOS NÚMEROS

En el antiguo pueblo de Israel los números no sólo servían para contar.
Algunos expresaban situaciones profundas.
En el antiguo pueblo de Israel
el número 4 era el número de la Tierra,
porque cuatro son los puntos cardinales.
El número 3 era el número
del cielo,
porque un triángulo siempre tiene un vértice hacia lo alto.

El número 7, al ser suma de 4 + 3,
significaba la perfección; todo lo
que hay en cielo y tierra.

Era un número relacionado con el descanso,
porque Dios creó el mundo en seis días y descansó el séptimo.
Por este motivo los judíos no trabajaban en sábado.

El número 12 era el número del
Pueblo de Israel, porque estaba formado por 12 clanes o tribus.

Perdonar «setenta veces siete» no significaba hacerlo 490 veces, sino siempre, siempre.


Señor, enséñanos a perdonar
siempre y a todos.
Aleja de nuestra vida la venganza.
Que abramos las manos
en señal de amistad y de paz.
Aleja las envidias que nos separan.
Líbranos del egoísmo de caminar
pensando tan sólo en nosotros.
Señor, que nuestros oídos
estén abiertos para escuchar
la llamada de tu voz
que nos invita a ser como Tú:
misericordiosos
y dispuestos al perdón.



SEÑOR,
CONCÉDEME, EL REGALO DE UN CORAZÓN RECONCILIADO.
Que sepa comprender antes que condenar.
Que busque la unión en vez de la división.
Que esté siempre dispuesto
a perdonar y a pedir perdón.
Que sepa construir y reconstruir la paz.
Que sepa ser puente de comunicación entre mis amigos.
Que busque más lo que nos une que lo que nos separa.
Que sea cercano con quien más necesite
el calor de la amistad.
Que sepa trabajar por la comunión en la Comunidad
y proponer la participación de todos.

Que no busque la confrontación,
sino la comunicación.
Que sepa contagiar la alegría de vivir
como hermanas y hermanos.

SEÑOR, CONCÉDEME,
EL REGALO DE UN CORAZÓN RECONCILIADO.

 

 

 

DOMINGO XXIII (A)

DOMINGO DE LA CORRECCIÓN FRATERNA


La tribu Babemba de Sudáfrica celebra el siguiente ritual para corregir la conducta criminal o antisocial de sus miembros.

Si un miembro de la comunidad actúa irresponsablemente se le coloca en la plaza del pueblo. El trabajo cesa, y todos los hombres, mujeres y niños forman un gran círculo alrededor del acusado. Y uno a uno, incluidos los niños van diciendo las virtudes y todas las cosas buenas que el acusado ha realizado.

No se puede ni mentir ni exagerar ni inventarse nada. No se puede decir ninguna cosa negativa del acusado.

La ceremonia dura un par de días hasta que todos han tenido la oportunidad de contar sus bondades.

Al final el círculo se rompe, la fiesta comienza y la persona es acogida de nuevo en la comunidad. El acusado se siente fortalecido y animado a vivir de acuerdo con las normas e ideales de la comunidad.


PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTIA


SALUDO
«Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Lo escucharemos hoy en el evangelio. Jesús nos hace el encargo de preocuparnos de nuestros hermanos que no actúan como deben o se alejan de la fe, pero no de juzgarlos.

Reunidos en el nombre del Señor, celebramos la Eucaristía con el convencimiento de que las palabras de Jesús se están cumpliendo: «Dónde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

PERDÓN
Tú, Señor, que nos enseñas a corregir a quien se equivoca. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, Señor, que te diriges al Padre para pedir por todos nosotros. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, Señor, que estás en medio de nosotros cuando nos reunimos en tu nombre. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Oración colecta
Señor, nos hemos reunido en tu nombre, no de manera aislada, sino como un grupo de personas que desea encontrar a tu Hijo Jesús; no permitas que nos reunamos dispersos, ni enfrentados,
descalificándonos unos a otros, sino que seamos hermanos reunidos en el nombre del mismo JNS.


Primera Lectura.
Las palabras del profeta tenían más fuerza en las pequeñas comunidades donde todos se conocían, pero hoy las dirige a nosotros, aquí y ahora, para que seamos llamada con nuestra vida para otros hermanos alejados.

Lectura de la profecía de Ezequiel (33,7-9):

Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.» Palabra de Dios


Segunda Lectura

San Pablo nos dirá que el amor al prójimo abarca el cumplimiento de todos los mandamientos, y sin este amor, su cumplimiento estará vacío.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (13,8-10):

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera. Palabra de Dios

Evangelio
Jesús en el Evangelio nos marca unos valores y un proceso para regir la comunidad.
Puestos de pie cantamos aleluya.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» Palabra del Señor


PETICIONES
En nombre de Jesús presentemos nuestras plegarias al Padre.
Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

1. Por todas las iglesias cristianas: católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos. Que llegue pronto el día en el que podamos compartir el pan y el cáliz de una misma Eucaristía, OREMOS

2. Por los cristianos y cristianas que tienen responsabilidades en la vida política, económica o social. Que actúen siempre con los criterios del Evangelio, al servicio de la dignidad y la justicia que Dios quiere para todos, OREMOS

3. Por los niños y niñas que tienen que trabajar ya de pequeños y no pueden jugar y educarse como merecen. Que sean liberados de esta situación dolorosa y puedan crecer felices, OREMOS

4. Por los que están detenidos en las cárceles, sea cual sea la causa. Que tengan la ayuda necesaria para rehacer su vida e iniciar un nuevo camino, con paz y afecto, OREMOS

5. Por todos los pueblos que estos días están sufriendo los efectos de muerte y destrucción de la naturaleza, OREMOS


PETICIONES (2)
Agradecidos porque sabemos que Jesús está es medio de nosotros siempre que nos reunimos en su nombre, le contamos al Padre las necesidades de nuestro mundo y las personales.

1- Para que los creyentes nos empeñemos en edificar una Iglesia más cercana a la sociedad de hoy, en la que se acoja, se escuche y se acompañe a quienes viven sin rumbo, sin conocer el amor ni la amistad. Roguemos al Señor.

2.-Por quienes viven haciendo daño a su alrededor; para que se encuentren con alguien que con cariño, les haga una crítica amistosa y noble, y puedan volver a la razón y a la bondad. Roguemos al Señor.

3.-Por los políticos, funcionaros, maestros, abogados, sacerdotes, catequistas, personal sanitario, que trabajan en la atención a las personas, para que lo hagan con respeto, honradez y delicadeza. Roguemos al Señor.

4.-Por los cristianos que están sufriendo una trágica persecución en diferentes países, para que se
mantengan firmes en la fe y las instituciones internacionales reaccionen y hagan respetar la Defensa de Derechos Humanos. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre, nuestra oración. Por Jesucristo, nuestro Señor.


LOS CRISTIANOS EN EL MUNDO

De la Carta a Diogneto (Cap. 5-6; Funk 1, 317-321)

«Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.

Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.

El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.»




LA FRASE DEL DÍA


DOMINGO XIII (A)

El evangelista en el texto de hoy utiliza tres frases (refranes) que condensan el mensaje de Jesús. Parecen exageradas: Preferirle a él por encima de todo, de la familia, de la misma vida.. Tomar la cruz de cada día y seguir en camino. La grandeza de un vaso de agua…

Jesús sabe, también nosotros, que lo que los demás esperan de nosotros no siempre es dinero, sino un detalle, una atención, una mirada de complicidad, un poco de nuestro tiempo, una palabra amable, una mano tendida, un abrazo..


PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA


SALUDO:

Hermanas y hermanos: Cada domingo, el Señor Jesús nos congrega para celebrar el misterio de su muerte y resurrección. Y cada domingo nos ofrece su Palabra que da vida, y que nos invita a seguirle decididamente, aún a riesgo de la propia vida. Hoy nos invita también a anunciar su Buena Nueva, a descubrirle a Él y a acogerle en el prójimo.

Iniciamos esta celebración puestos de pie y uniéndonos en el canto.

ACTO PENITENCIAL

  1. Olvidamos la acogida sincera, la sencillez con los demás, la hospitalidad. Señor, ten piedad.
  2. No hacemos uso de nuestra la dignidad de ser cristianos. Cristo, ten piedad.
  3. Nos instalamos en nuestras pequeñas seguridades sin dejarnos afectar por nada ni por nadie. Se-ñor, ten piedad.

MONICIÓN DE LAS LECTURAS

La primera lectura, nos presenta a Eliseo, el profeta es acogido por un matrimonio sunamita que no tiene hijos, como don gratuito de Dios, tendrán un hijo, fruto de la misma bendición divina.
En la segunda lectura, el apóstol Pablo anima y exhorta a su comunidad a vivir según nuestro bautismo.

Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (4,8-11.14-16a):
Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa.
Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí.»
Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.
Dijo a su criado Guejazi: «¿Qué podríamos hacer por ella?»
Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»
Eliseo dijo: «Llámala.»
La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.» Palabra de Dios


 


Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,3-4.8-11):
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,37-42):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.» Palabra del Señor

ORACIÓN DE LOS FIELES

Abrimos con confianza nuestro corazón a Dios para presentarle nuestra oración.

  1. Para que la Iglesia, sea experta en humanidad e ilumine desde el Evangelio todos los aspectos de la vida. Roguemos al Señor.
  2. Por los hombres y mujeres que trabajan de forma gratuita y callada, por los están junto a quienes sufren. Roguemos al Señor.
  3. Para que quienes tienen el poder de gobernar se comprometan en la promoción de la justicia y la paz y respeten los derechos de todas las personas en este tiempo de dificultades graves para tantas personas. Roguemos al Señor.
  4. Para que nuestra comunidad (parroquial) sea cercana, acogedora y solidaria con quienes menos tienen, y sea lugar de encuentro entre las personas. Roguemos al Señor.

SEÑOR,
ayúdanos a ser transparentes
para que podamos ofrecer a todos
palabras sinceras y verdaderas.
Aleja de nuestros labios
mentiras y engaños.

SEÑOR,
ayúdanos a ser generosos
para que quien está en necesidad
halle en nuestra mesa
un sitio común y compartido.
Aleja el egoísmo que nos divide y enfrenta.

SEÑOR
haznos generosos
y tendremos tu sonrisa
como recompensa.