DOMINGO XXVIII (A)

 

 

El profeta Isaías describe el futuro del pueblo de Dios como una gran comida preparada por Dios para su familia. Imagen llena de risas, seguridad y abundancia. Imagen de toda la familia reunida en torno a la misma mesa.

….. “todas las gentes”, “todas las naciones”, “toda la tierra”, “salid a los caminos e invitad a todos los que encontréis”.

Dios incluye a todos en su amor, quiere que todos estén en comunión con Él.


SALUDO
Hemos venido a la eucaristía de hoy en respuesta a la invitación de Jesús, que a todos da la bienvenida a su banquete festivo, la Eucaristía.

Todos estaban invitados, pero no todos se han acercado.
Jesús nos pide que acojamos a todos y que hagamos lo posible para que se sientan con nosotros como en su propia casa.
¿Somos conscientes de que todos estamos invitados, incluso los débiles, los pobres y los tristes? Disfrutemos ahora nuestra celebración con el Señor.


PERDÓN
Líbranos, Señor, de nuestra apatía, de nuestras excusas y fáciles pretextos que nos impiden aceptar tu invitación. SEÑOR, TEN PIEDAD
No permitas que nos domine la tristeza, pues tú eres nuestra alegría y fortaleza. CRISTO, TEN PIEDAD
Guárdanos libres de todo lo que nos pueda dividir y guíanos por la vida con esperanza. SEÑOR, TEN PIEDAD

LECTURAS

Las lecturas de hoy son una invitación a acoger a Dios sin rechazarle nunca.
El profeta Isaías nos habla de la salvación que nos trae Dios, y explica esa salvación como un banquete de fiesta. San Pablo testimonia que todo lo puede con Jesús que le conforta.
En el evangelio Jesús se pone triste porque algunos rechazan a Dios, no acuden a su fiesta o no visten el traje de la gracia divina, de hijos de Dios.


Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (25,6-10a):

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Palabra de Dios


Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (4,12-14.19-20):

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

                                                                                Palabra de Dios

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.» Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor


OFRENDAS

SILLA VACÍA: Hoy traemos junto a ti esta silla vacía, por los que no están aquí en tu fiesta, por los que han preferido otras cosas que sentarse a la mesa contigo, y por nosotros que también a veces ponemos excusas y no acudimos a estar contigo y alimentarnos con el Pan que nos das.

 


PETICIONES

1. Para que el Señor reúna a todos los pueblos en una común alabanza a su nombre, roguemos al Señor.

2. Para que la vida de todos los cristianos irradie alegría y esperanza, y propicie una fiesta de felicidad para otros, roguemos al Señor.

3. Para que el Señor, que destruye la muerte, dé consuelo y fortaleza, a los que lloran la pérdida de seres queridos, roguemos al Señor.

4. Para que en la eucaristía el Señor sea la alegría y el vínculo de amor de todas nuestras comunidades cristianas, roguemos al Señor.

5. Por los gobernantes y dirigentes de la economía, para que el Señor los mueva a trabajar por un mundo más justo, en el que a nadie le falte el pan para vivir. ROGUEMOS AL SEÑOR

Señor, ¡Qué bueno estar todos juntos contigo! Que nuestros corazones se desborden de alegría y nos hagan compartir unos con otros todos los buenos dones con los que tú nos has enriquecido. Bendícenos en Jesucristo nuestro Señor.


ACCIÓN DE GRACIAS:

Gracias, Señor Jesús, por cada Eucaristía, donde nos ofreces tu pan y tu palabra y nos haces volver a revivir nuestra amistad contigo.
Gracias por los niños, por su sencillez. Ellos nos ayudan a acercarnos más a ti.
Gracias por esta asamblea reunida. Nos ha gustado el banquete que nos has preparado.
Durante la semana, mayores y pequeños, seguiremos sintiéndote muy cerca.

Gracias por todo, Señor Jesús.


CUANDO LAS OCUPACIONES IMPORTAN MÁS QUE LAS PERSONAS

Cuando mis ocupaciones son más importantes que la esposa, no tengo tiempo para ella.
Cuando mis ocupaciones son más importantes que los hijos, no tengo tiempo para ellos.
Cuando mis amigos son más importantes que mi familia, no tengo tiempo para estar en casa.
Cuando mis quehaceres son más importantes que la oración, no tengo tiempo para orar.
Cuando mis quehaceres son más importantes que Dios, no tengo tiempo para El.
Cuando mis quehaceres son más importantes que la misa, no tengo tiempo para ir.
Cuando mis intereses son lo más importante, no tengo tiempo para escuchar a los hijos.
Cuando mis intereses son lo más importante, no tengo tiempo para escuchar a mis padres.
Cuando mis intereses son lo más importante, no tengo tiempo para nadie.
Cuando mi cuerpo es lo más importante, no tengo tiempo para mi alma.

 

Lo importante es tener siempre una razón para justificar mis actitudes.
Lo importante es tener siempre una razón para no escuchar a nadie.
Lo importante es tener siempre una razón para que nadie me moleste y fastidie.

Y no se trata, muchas veces, de mala voluntad.
Se trata de nuestra escala de valores.
Se trata de no saber dar prioridad a lo esencial.

Por eso el problema no está en que sí tenemos fe y creemos en Dios. El problema está en qué lugar ocupa Dios en mi vida. Muchos decimos creer en Él, hasta es posible que así sea, el verdadero problema es que las cosas ocupen cada una su verdadero lugar.


NO IMPORTA

No importa que la mesa esté a punto si nos falta el apetito.

No basta
que el agua de la fuente esté fresca, si no tenemos sed.
que nos inviten, si no tenemos ganas de participar.
que nos hablen de belleza, si no tenemos ojos para verla.
que suene bonito la música, si no tenemos oídos para escucharla.
que el jardín tenga bellas rosas, si estamos ciegos.
que nos llamen, si no escuchamos la llamada.

No basta
que Dios hable, si el corazón no tiene interés en escuchar.

que Dios nos invite, si su mesa no nos dice nada.
que Dios nos regale el pan de la eucaristía, si no tenemos apetito de él.
que Dios nos cite cada domingo, si preferimos otras ocupaciones.
que Dios nos perdone, si nosotros no nos perdonamos.
que Dios nos ame, si nosotros no sentimos su amor.
que haya sol, si preferimos vivir en la oscuridad.
que amanezca, si preferimos seguir dormidos.
que los otros me amen, si yo no sé amar.
que yo quiera arreglar las cosas, si tú no quieres.

Cuando se pierde la sensibilidad, el sufrimiento del otro no dice nada.
Cuando se pierde la dignidad, todo da igual.


VENID A LA FIESTA

Hoy has preparado un banquete,
en tu amplia tienda de la alianza
levantada en esta tierra tuya y nuestra,
para que tu presencia no nos resultara extraña.

Ya está la entrada engalanada,
los jardines adornados,
las farolas y antorchas alumbrando
caminos, rincones y plazas,
las habitaciones dispuestas
y la sala del banquete preparada
con todo lo necesario para la fiesta,
porque la ocasión es única.
La mesa lista para el banquete
Todo en abundancia,
que a ti te gusta que sobre y no falte
cuando se va o se pasa por tu casa.
……
¡Venid a la fiesta! ¡Venid a la fiesta!,
se oye en pueblos y casas,
y como un eco resuena setenta veces siete
y llega a todos los corazones.
……………………………………………….
De la calle, de las plazas,
de los rincones más olvidados
y del reverso de la historia
llegarán tus invitados.
Serán cojos, ciegos y sordos,
hambrientos, pobres y presos,
ciudadanos y extranjeros,
emigrantes sin papeles,
hombres y mujeres, ancianos y niños
de toda raza, color y oficio,
que oyen a tus mensajeros
y se sienten sorprendidos.

Los que a nada sois invitados…
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro…
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo…
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados…
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia…
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos…
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria…
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre…
¡Venid a la fiesta!
¡Vamos a tu fiesta, Señor!

Florentino Ulibarri


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