DOMINGO XXVII (A)

La parábola está colocada en medio de otras dos parábolas: la de los dos hijos (21,28-32) y la del banquete de bodas (22,1-14).

Juntas las tres parábolas contienen una respuesta negativa: la del hijo al padre, la de algunos campesinos al dueño de la viña, la de ciertos invitados al rey que celebra las bodas de su hijo.


¿Qué hará mi amigo ahora con su viña y los labradores?
¡Pues contarles, una y otra vez, la historia,
para ver si la entienden y se convierten,
y logra un final feliz, que es lo que él quiere!


A nosotros, esta parábola nos invita a no apropiarnos del nuevo Pueblo de Dios sino más bien a dar frutos de caridad, comunión y participación.

En la realidad actual son cada vez más las personas alejadas de la Iglesia y los rostros sufrientes en el mundo lo que significa que quizá estamos más ocupados en apropiarnos del pueblo de Dios que en dar frutos de justicia, solidaridad y fraternidad. (DAP 367).

Frente a una globalización económica que nos está destruyendo, sentimos un fuerte llamado para promover una globalización por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los ddhh (DAP 64).

Frente a una Iglesia en donde la mayoría de sus integrantes son solo espectadores, estamos llamados a una participación desde la elaboración y ejecución de los proyectos pastorales (213).


«Según F. Nietzsche, el mayor acontecimiento de los tiempos modernos es que «Dios ha muerto». Dios no existe. No ha existido nunca. En cualquier caso, los hombres estamos solos para construir nuestro futuro. »

La historia reciente de estos años comienza a descubrirnos que no le es tan fácil al hombre recoger la herencia de «un Dios muerto». Después de la declaración solemne de la muerte de Dios, son bastantes los que comienzan a entrever la muerte del hombre. Bastantes los que se preguntan como A. Malraux si el «verdugo de Dios» podrá sobrevivir a su víctima.

«Este hombre, frustrado en sus necesidades más auténticas, víctima de la «neurosis más radical» que es la falta de sentido totalizante para su existencia, atemorizado ante la posibilidad ya real de una autodestrucción total, ¿no está necesitado más que nunca de Dios? Pero, ¿ya encontrará entre los creyentes a ese Dios capaz de hacer al hombre más responsable, más libre y más humano?»

Textos de Pagola


PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA 


                                   

 

  SALUDO

Hermanas y hermanos: Buenos días 

La Eucaristía de cada domingo tiene que ser una invitación a vivir como auténticos hijos de Dios.

Hoy, en el evangelio, Jesús nos vuelve a hablar de su viña. Nosotros somos esa “viña” del Señor, y Él ha hecho por cada uno de nosotros todo lo que es posible hacer, pero, a veces, los cristianos podemos decepcionar a Dios.

 Venimos a la Eucaristía a pedirle que nos ayude a podar todo aquello que impide nuestra amistad con El y nos impulse a salir adelante a pesar de las dificultades.


PETICIONES DE PERDÓN:

1. Señor, Jesús, por no habernos portado del todo bien contigo y con los demás,
PERDONA, PADRE DIOS.

2. Señor, por todas nuestras peleas y divisiones entre nuestros hermanos y amigos,
PERDONA, PADRE DIOS.

3. Señor, Jesús, por no trabajar lo suficiente y por no ayudar a nuestros compañeros y familiares cuando lo han necesitado, PERDONA, PADRE DIOS.


Un escorpión quería pasar al otro lado del río, pero no sabía nadar.

Le pidió a una rana que lo llevara, pero la rana tenía miedo a que la picara con su aguijón cuando estaban en el agua.
El escorpión le dijo que no haría tal cosa, pues entonces se moriría la rana y se ahogaría él también. La rana tomó al escorpión a su espalda, se echó a nadar al río, y cuando estaban en medio de la corriente el escorpión alzó su cola venenosa y la picó.
«¿Por qué has hecho eso? Ahora nos vamos a morir los dos» dijo la rana. Y el escorpión se excusó: «Lo siento mucho, querida rana…, pero es que yo «soy así».

La rana murió, pero el escorpión logró llegar cerca de la otra orilla muy fatigado. Un hombre se apiadó de él, lo tomó en su mano y le salvó la vida. Y el escorpión le picó en la mano.

El hombre sacudió la mano de dolor, y el escorpión cayó al agua. Entonces el hombre volvió a salvarlo con su mano…, y el escorpión volvió a picarle.

Cuando esto iba a suceder por tercera vez, alguien que había presenciado toda la escena le preguntó al hombre: «¿Por qué haces eso si cada vez que intentas salvarle te vuelve a picar?»

Y el hombre contestó: «Ya …, pero es que yo soy así».


PETICIONES:

1. Para que nuestro mundo, nuestra ciudad, nuestra familia, nuestra parroquia, sean un lugar donde todos nos sintamos a gusto y seamos felices…
Roguemos al Señor.
2. Para que logremos crecer a lo largo del curso, como personas y como cristianos. Roguemos al Señor.
3. Para que nos respetemos y no haya entre nosotros peleas, desprecios ni malos rollos y nos sepamos perdonar como Dios nos perdona. Roguemos al Señor.
4. Jesús quiere seguir siendo nuestro amigo, para que nunca olvidemos que Él camina con nosotros y nos acompaña siempre. Roguemos al Señor.


OFRENDAS:

MOCHILA: Jesús, te traemos una mochila que simboliza nuestro trabajo para sacar adelante este curso. Acepta en ella nuestra amistad y nuestro esfuerzo de cada día.

LIBROS DE CATE: Te traemos también los libros de catequesis que durante este curso nos van a ayudar a conocerte mejor. Queremos que no pase ningún día sin decirte Jesús que somos tus amigos.

CALIZ Y PAN: Que tu pan, Jesús, sea cada domingo alimento y fuerza de nuestro caminar y que sepamos compartirlo a lo largo del curso como hermanos.

 

testimonn

Ver más sobre testimonios:

INICIACIÓN CRISTIANA 20


ACCIÓN DE GRACIAS:

Gracias, Señor, por las vacaciones que nos has dado para disfrutar de nuestros amigos y nuestra familia.
Gracias por encontrarnos de nuevo todos en esta misa del domingo y por los amigos con quienes vamos a compartir este curso.
Gracias por todas las personas que van a ayudarnos a seguir creciendo, especialmente por nuestros padres.
Gracias, Señor, sabemos que tú nos acompañas siempre.
Ayúdanos para que sepamos responder a tu amistad, siendo trabajadores de tu viña y haciendo fructificar los dones que tú mismo has puesto en nosotros.

Gracias, Señor.


Marcar el enlace permanente.

Comentarios cerrados.