DOMINGO XXV (A)

A veces Jesús enseñaba cosas muy raras, difíciles de entender y la gente se quedaba sorprendida.

Nosotros, tratantes de derechos y deberes, no intentemos reprochar a Dios que sea bueno y misericordioso.


Un poquito de música


Dame tus ojos quiero ver
dame tus palabras quiero hablar, dame tu parecer.
Dame tus pies yo quiero ir, dame tus deseos para sentir,
dame tu parecer.

Dame lo que necesito, para ser como Tú.
Dame tu voz dame tu aliento toma mi tiempo es para ti
dame el camino que debo seguir
dame tus sueños tus anhelos, tus pensamientos, tu sentir
dame tu vida para vivir.

Déjame ver lo que tu ves
dame de tu gracia, tu poder, dame tu corazón.

Déjame ver en tu interior para ser cambiado por tu amor,
dame tu corazón.
Dame lo que necesito para ser como Tú

 


La justicia es dar a cada uno lo suyo. tanto he trabajado y fructificado, tanto debes pagarme. Hasta que llega Jesús y nos habla de una justicia injusta, una justicia que es la de Dios, donde lo que reina es la BONDAD, LA GENEROSIDAD… Una justa injusticia.

Jesús «provocando» de nuevo. Apartado del grupo, con su calculadora, echando cuentas con saldo positivo para los últimos.
Los cristianos viejos y asiduos a actos religiosos, tendremos nuestra paga, no hay que preocuparse. El problema surge cuando observamos la alegría que llevan los que son más felices que nosotros aunque se hayan apuntado más tarde a la marcha de la fe.

No será que estos últimos trabajaron con más ilusión, el Señor se enteró y les pagó igual… (pero más).

FRASE:…probablemente, más de un cristiano se escandalizaría todavía hoy al oír hablar de un Dios a quien no obliga el Derecho canónico, que puede regalar su gracia sin pasar por ninguno de los siete sacramentos y salvar, incluso fuera de la Iglesia, a hombres y mujeres que nosotros consideramos perdidos» ( José Antonio Pagola)


PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

SALUDO:

Hoy Dios sigue llamando a hombres y mujeres a formar parte de una comunidad para que se integren en su proyecto de construir un mundo más justo y más humano y una vida más digna para todos. Celebremos la presencia de Jesús en nuestra comunidad  y pidámosle que nos conceda descubrirlo y amarlo en nuestros hermanos. Que esta Eucaristía nos ayude a ser capaces de alegrarnos de la suerte de los otros y a esperar todo de la misericordia de nuestro Dios y Padre.

PERDÓN:
1. Porque nos comparamos con los demás… Señor, ten piedad.
2. Porque cuando tenemos problemas con los demás nos olvidamos que ellos también tienen corazón.
Cristo, ten piedad.
3. Porque somos envidiosos. Señor, ten piedad.

Primera lectura
Escucharemos un texto del profeta Isaías. El profeta viene a decirnos que los planes y pensamientos de Dios y su manera de actuar contrastan  con las actitudes humanas.
 
 
Lectura del libro de Isaías (55, 6-9):
Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes.
                                                   Palabra de Dios

Segunda lectura
Pablo, desde la cárcel, escribe la carta a los filipenses, la muerte le parece una ganancia. Es consciente de que mientras viva en este mundo hace un gran servicio a Cristo y a los creyentes, y está dispuesto a continuar hasta que Dios quiera.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,20c-24.27a):

Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.
Palabra de Dios

Evangelio

La parábola del amo generosos que  vamos a escuchar es exclusiva del evangelista Mateo y está situada en la etapa final del camino de Jesús desde Galilea hasta Jerusalén.  Los dones que Dios nos da no dependen de nuestro trabajo y nuestros méritos, sino que él actúa con generosidad inesperada.

Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: 

«¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»
                                                          Palabra del Señor

PETICIONES:
1. Por la Iglesia. Por el Papa Francisco. Para que intentemos llevar el mensaje del Señor a todos los pueblos de la tierra. Roguemos al Señor.
2. Por los responsables de la economía, que tengan la imaginación necesaria para solucionar el problema de la mayoría empobrecida. Roguemos al Señor…
 3. Por los parados. Por los que no tienen trabajo. Para que sea posible un bienestar donde todos podamos vivir en paz y en igualdad. Roguemos al Señor.
4. Por los sacerdotes, catequistas, padres y madres de familia, niños de catequesis, que estemos dispuestos a trabajar para hacer un mundo mejor y como Dios manda. Roguemos al Señor.
5. Por los que celebramos esta eucaristía para que nos demos en la medida que podamos a los más necesitados. Roguemos al Señor.


          LA GRATUIDAD

1. Un día, un muchacho muy pobre -vendedor de puerta a puerta para pagar sus estudios- se encontró con sólo diez centavos en su bolsillo y tenía mucha hambre. Entonces decidió que en la próxima casa pediría comida.

Una linda y joven muchacha abrió la puerta y sólo se atrevió a pedir un vaso con agua. Ella pensó que él estaba hambriento y le trajo un gran vaso con leche. Lo bebió lentamente y luego preguntó: ¿Cuánto le debo?
– No me debe nada -le respondió-. Mi mamá nos enseñó a no aceptar nunca pago por bondad… Él dijo:
– Entonces se lo agradezco de corazón.
Howard Kelly, no sólo se sintió más fuerte físicamente, sino también en su fe en Dios y en la humanidad.

Años más tarde, esa joven enfermó gravemente. Los doctores de la localidad estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para que estudiaran su rara enfermedad. Uno de esos especialistas era el doctor Howard Kelly. Al leer el nombre del pueblo de donde venía la muchacha, una extraña luz brilló en sus ojos. Inmediatamente se levantó. Vestido con su bata de doctor, fue a verla y la reconoció inmediatamente. Luego, volvió a su consultorio, determinado a hacer lo imposible para salvar su vida. Desde ese día le dio atención especial al caso.
Después de una larga lucha, la batalla fue ganada. El doctor Kelly pidió a la oficina de cobros que le pasaran la cuenta final para darle su aprobación. La leyó, luego escribió algo en la esquina y la cuenta fue enviada al cuarto de la muchacha. Ella sintió temor de abrirla, porque estaba segura de que pasaría el resto de su vida tratando de pagarla. Finalmente la leyó, y algo llamó su atención en la esquina de la factura, donde se leían las siguientes palabras:

«Pagado por completo con un vaso de leche.» Firmado: doctor Howard Kelly.


2. Un sacerdote llegó al cielo y San Pedro lo coloca en un rincón y a un taxista lo coloca en la sección V.I.P.
El sacerdote dice: Perdón San Pedro, pero yo que prediqué toda una vida la palabra de Dios, ¿no cree usted que yo merezco un sitio mejor que el del taxista?
Y San Pedro le dice: es que cuando tú predicabas la gente dormía a pierna suelta, en cambio el taxista cuando conducía a toda velocidad, la gente oraba sin parar.


3. El obrero de una constructora vuelve a casa y le cuenta a su mujer que el andamio en el que trabajaba con otros tres obreros se ha venido abajo y a causa de la caída los tres han muerto y que gracias a Dios, sólo se ha salvado él, y que a causa del accidente, el empresario deberá desembolsar 50 millones de pesos para cada una de las familias de las víctimas.

Ante tal noticia, su mujer le dijo: Te das cuenta…Cuando hay algún dinero que ganar, tú siempre te quedas por fuera…


ORACIÓN:

Querido Dios, Papá de todos,
enséñanos a vivir como hermanos,
sin peleas ni discusiones, sin divisiones ni diferencias.

Ayúdanos a ver en cada persona el rostro de Jesús.
Que seamos capaces de amar sin fijarnos en el color de la piel,
el colegio donde uno va, el barrio donde uno vive,
la cara que uno tiene, o los amigos con los que se junta.

Que aprendamos a amar a todos los que nos rodean
porque todos somos hermanos, hijos del mismo Padre Dios.


A TU MANERA

Saliste, Señor,
en la madrugada de la historia
a buscar obreros para tu viña.
Y dejaste la plaza vacía
–sin paro–,

ofreciendo a todos trabajo y vida
–salario, dignidad y justicia–.

Saliste a media mañana,
saliste a mediodía,
y a primera hora de la tarde
volviste a recorrerla entera.
Saliste, por fin, cuando el sol declinaba,
y a los que nadie había contratado
te los llevaste a tu viña,
porque se te revolvieron las entrañas
viendo tanto trabajo en tu hacienda,
viendo a tantos parados que querían trabajo
-salario, dignidad, justicia-
y estaban condenados todo el día a no hacer nada.

A quienes otros no quisieron
tú les ofreciste ir a tu viña,
rompiendo los esquemas
a jefes, patrones, capataces, obreros y esquiroles…,
a los que siempre tienen suerte
y a los que madrugan para venderse
o comprarte… ¡quién sabe!

Al anochecer cumpliste tu palabra.
A todos diste salario digno y justo,
según el corazón y las necesidades te dictaban.
Quienes menos se lo esperaban
fueron los primeros en ver sus manos llenas;
y, aunque algunos murmuraron,
no cambiaste tu política evangélica.
Señor, sé, como siempre,
justo y generoso,
compasivo y rico en misericordia,
enemigo de prejuicios y clases,
y espléndido en tus dones.
Gracias por darme trabajo y vida,
dignidad y justicia
a tu manera…,no a la mía.

Florentino Ulibarri


 

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