DOMINGO XXIV (A)

PERDONAR ES, TAMBIÉN,
LIBERARSE DE UN DOLOR INÚTIL

Si no perdonamos de corazón a quienes nos han ofendido, qué sentido tiene rezar el Padrenuestro. Dios siempre será más misericordioso que nosotros.

El capítulo 18 del evangelio de Mateo es conocido como el discurso eclesial, el discurso de la comunidad, de la vida de los creyentes.

El perdón, perdonar, para los seguidores de Jesús es una realidad vital, es el corazón del evangelio, es un estilo de vida.

 

PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

SALUDO:

El Señor nos reúne de nuevo en el domingo y se hace presente en medio de nosotros al celebrar la Eucaristía.

Jesús nos va a plantear hoy la radicalidad del perdón. Los cristianos, como miembros de una Iglesia e hijos de Dios nos sabemos ya perdonados. A la vez, estamos necesitados de perdón. Pero no podemos pedir perdón a Dios y sentirnos perdonados, si nosotros no hacemos lo mismo con nuestros hermanos.

Disponemos nuestro corazón para este encuentro con el Señor y con los hermanos.


PERDÓN
1. El perdón es abrirle de nuevo la puerta del corazón a alguien…. SEÑOR, TEN PIEDAD
2. El perdón es decirle de nuevo: Te quiero. Me importas….Te necesito en mi vida…. CRISTO, TEN PIEDAD
3. El perdón es curar su herida y la nuestra ….Unir manos y corazones… SEÑOR, TEN PIEDAD.


Primera Lectura.
Dios, que siempre perdona, debe ser nuestro modelo.

Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.
                                                                      Palabra de Dios

Segunda Lectura
Acabamos hoy el último fragmento de la importante carta de San Pablo a los Romanos, que durante muchos domingos hemos venido leyendo. Nos invita a caminar juntos, pues en la vida y en la muerte, somos del Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.
                                                         Palabra de Dios

Evangelio
Jesús en el Evangelio nos aclarará las dudas que tenemos sobre cómo hemos de perdonar. Nos resulta más fácil ser perdonados que otorgar nuestro perdón.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
                                                                    Palabra del Señor


PETICIONES

•Por la Iglesia, para que sea signo visible del perdón que Dios nos regala cada día. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por los que viven continuamente en las profundidades del odio y del rencor, para que el Señor los ilumine y puedan experimentar la liberación y el gozo de vivir la paz y la reconciliación. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por las víctimas de la violencia, el terrorismo, las guerras y sus familias. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por los gobernantes de pueblos y naciones, para que no olviden que su misión es servir a sus ciudadanos, velando por la paz y el bienestar de todos. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por los maestros y educadores, para que con su labor ayuden a construir un mundo de hombres y mujeres libres, conscientes y generosos. ROGUEMOS AL SEÑOR

•Por todos nosotros, para que la participación de la Eucaristía nos haga experimentar la alegría de sentirnos acogidos, amados y perdonados por Dios y llevemos esos sentimientos a nuestra vida diaria. ROGUEMOS AL SEÑOR.


Historias para el camino del perdón

Un exitoso judío, que había estado
en un campo de concentración nazi,
se enteró de que su más querido compañero de aquellos tristes días
se hallaba enfermo y solo.

Lo buscó y lo halló en la miseria.

—¿Ya perdonaste a los nazis? le preguntó en un momento.
—No, contestó el moribundo con vehemencia
de ninguna manera. Todavía los odio con toda el alma.
—Entonces, —concluyó el visitante— te tengo una
mala noticia: ellos todavía te tienen prisionero.


A una señora que celebraba sus bodas de oro de matrimonio le preguntaron sus hijos por el secreto de su largo y feliz matrimonio.
La señora les contestó: El día de mi boda decidí hacer una lista de las 10 faltas de mi marido que pasaría por alto para salvar mi matrimonio.
¿Y cuáles fueron esas 10 faltas de la lista?
A decir verdad nunca escribí la lista. Pero cada vez que mi marido hacía algo que me molestaba y que me subía por las paredes le decía: tienes suerte, bandido, porque eso no está en mi lista.


Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo
para el otro, y por eso, no queremos perdonar.
Pero, pensemos: ¿ quién sufre: el que odia o el que es odiado?

El resentimiento destruye sólo al resentido.
Por eso es una locura odiar: es como un veneno que tomamos a diario, a gotas, y que finalmente nos termina envenenando y sin saber ya vivir sin él.

Además la falta de perdón te ata a las personas que odias desde el resentimiento. Te encadena a quien quieres separar de tu vida.

Perdonar no significa darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos y sentimientos negativos que nos causaron dolor o enojo. Es dejar de cargar un peso inútil, que bloquea nuestra alegría y tranquilidad.
Es dejar cicatrizar una herida y no estarla abriendo constantemente por autocompasión.


SIGNIFICADO DE LOS NÚMEROS

En el antiguo pueblo de Israel los números no sólo servían para contar.
Algunos expresaban situaciones profundas.
En el antiguo pueblo de Israel
el número 4 era el número de la Tierra,
porque cuatro son los puntos cardinales.
El número 3 era el número
del cielo,
porque un triángulo siempre tiene un vértice hacia lo alto.

El número 7, al ser suma de 4 + 3,
significaba la perfección; todo lo
que hay en cielo y tierra.

Era un número relacionado con el descanso,
porque Dios creó el mundo en seis días y descansó el séptimo.
Por este motivo los judíos no trabajaban en sábado.

El número 12 era el número del
Pueblo de Israel, porque estaba formado por 12 clanes o tribus.

Perdonar «setenta veces siete» no significaba hacerlo 490 veces, sino siempre, siempre.


Señor, enséñanos a perdonar
siempre y a todos.
Aleja de nuestra vida la venganza.
Que abramos las manos
en señal de amistad y de paz.
Aleja las envidias que nos separan.
Líbranos del egoísmo de caminar
pensando tan sólo en nosotros.
Señor, que nuestros oídos
estén abiertos para escuchar
la llamada de tu voz
que nos invita a ser como Tú:
misericordiosos
y dispuestos al perdón.


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