DOMINGO DE PASCUA III (C)

Los discípulos están pescando, es decir, habían VUELTO A SU TAREA HABITUAL. Nada más contrario a una búsqueda específica de algo espiritual. Ajenos a lo que les va a pasar, y por lo tanto, ni lo esperan ni lo buscan.

Los discípulos están juntos, es decir, FORMAN COMUNIDAD. No se hace alusión a los doce. Aparece el siete que es un número de plenitud, referido a todas las naciones paganas. Misión universal de la nueva comunidad.

La pesca es la imagen del resultado de la MISIÓN

No ven primero a Jesús, sino fuego y la comida, expresión de su amor a ellos.
Jesús es ahora el centro de la comunidad que irradia la fuerza de vida y amor. Esa presencia hace capaces a los suyos de entregarse como él.
Jesús usa el verbo amar = amor-amor.
Pedro contesta con el verbo querer, amistad. Pedro empieza a comprender. Jesús no es el Señor, sino el amigo.


PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA


MONICIÓN

Seguimos en Pascua. Jesús Resucitado se aparece a los discípulos y también a cada uno de nosotros.

Cuando voy a pescar, Tú me llamas desde la orilla.
Cuando estoy en la noche, Tú me muestras el amanecer.
Cuando mis redes están vacías, Tú las llenas de sueños.
Cuando tengo hambre, Tú me dices: Ven a comer.
Cuando no te reconozco, Tú me envías a las hermanas y hermanos, que me recuerdan tu presencia.
Cuando pierdo el rumbo, Tú me vuelves a llamar: Sígueme.
Disfrutad de la celebración y que al salir de ella se note que nos hemos encontrado con el Dios de la Vida.


EVANGELIO: LA PESCA MILAGROSA (Juan 21, 1-19)

NARRADOR: Después de esto Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
PEDRO: «Me voy a pescar».

NARRADOR: Ellos contestan:
DISCIPULOS: «Vamos también nosotros contigo».

NARRADOR: Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice:
JESÚS: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».

NARRADOR: Ellos contestaron:
DISCÍPULOS: «No».

NARRADOR: Él les dice:
JESÚS: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

NARRADOR: La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
DISCÍPULO: «Es el Señor».

NARRADOR: Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
JESÚS: «Traed de los peces que acabáis de coger».

NARRADOR: Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice:

JESÚS: «Vamos, almorzad».

NARRADOR: Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

                                                        Palabra de Dios


PETICIONES 1

1) Por todos los que trabajan en las parroquias. Por los sacerdotes, catequistas, grupos, etc. Para que nunca se cansen de echar las redes para dar a conocer el mensaje de Jesús. Roguemos al Señor.

2) Pedimos para que todos nosotros nos sigamos formando en la fe por medio de la catequesis, seamos portadores de la alegría que supone la resurrección de Jesús y lo transmitamos a los que nos rodean, roguemos al Señor.

3) Por todos los que se encuentran tristes o desanimados en su fe, para que sepan que Jesús nos acompaña, roguemos al Señor.

4) Para que todos nosotros vayamos mejorando nuestra vida y seamos, así, verdaderos testigos de la resurrección de Jesús, roguemos al Señor.

5) (Bautizo de Ángel) Para que Ángel viva como hijo de Dios, el Señor lo llene de su ternura y favor, y ayudado por la palabra y el ejemplo de sus padres crezca como miembro activo de la Iglesia, roguemos al Señor.


PETICIONES 2

1.- Con esta cara sonriente, te pedimos Señor por la Iglesia, que todas las personas que la formamos, seamos testigos alegres del Evangelio.
Roguemos al Señor.
2. – Con la palabra paz, rezamos por todos los países que sufren la guerra, que pronto podamos escuchar que todos los conflictos bélicos han terminado.
Roguemos al Señor.
3.- Con este globo terráqueo, te pedimos que seamos cada día más responsables en el cuidado del planeta Tierra, nuestra casa común.  
Roguemos al Señor.

4.- Con este corazón, te pedimos por nuestras madres, a las que tanto queremos.  Bendícelas, llénalas de tu amor y sigue cuidando de ellas.
Roguemos al Señor.


Los dos peregrinos

Dos peregrinos se arrastraban por una senda inaccesible mientras los azotaba un viento gélido. Amenazaba la tormenta. Ráfagas tempestuosas de cristales de hielo silbaban entre las rocas.

Los dos hombres caminaban cansados. Sabían muy bien que si no llegaban a tiempo al refugio perecerían en la ventisca de nieve.

Mientras rodeaban el borde de un abismo, con el corazón en la garganta por la angustia y los ojos casi cegados por la nevada, oyeron un gemido. Un pobre hombre había caído en un hoyo y, sin poder moverse, pedía auxilio. Uno de los dos dijo: “Es el destino; ese hombre está condenado a muerte; aceleremos el paso o tendremos su mismo fin”. Y aceleró el paso, curvándose hacia delante para vencer la fuerza del viento.

El segundo, en cambio, se apiadó y bajó por la pendiente hasta encontrar el herido. Luego se lo cargó sobre su espalda y volvió a subir fatigosamente la cuesta.

Anochecía y el sendero era cada vez más oscuro. El peregrino que llevaba al herido sobre sus hombros iba sudoroso y agotado, cuando de pronto vio a lo lejos las luces del refugio. Animó al herido para que aguantara. De pronto se tropezó con algo tirado a lo largo del camino. Miró y no pudo reprimir el horror: a sus pies yacía tendido el cuerpo de su compañero de viaje; el frío había terminado con su vida.

Él había logrado sobrevivir por el esfuerzo de llevar sobre sus hombros al herido que había salvado en la montaña. Su cuerpo y el esfuerzo le habían proporcionado el calor suficiente para salvar la vida.        Bruno Ferrero



DÍA DE LA MADRE



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