CUARESMA V (C)





EL TRIPLE FILTRO DE SÓCRATES

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
Espera un minuto – replicó Sócrates. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

¿Triple filtro?

Correcto -continuó Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y…
Bien -dijo Sócrates. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.

Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
No, por el contrario…

Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto.
Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
No, la verdad que no.

Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?
Usa este triple filtro cada vez que oigas comentarios sobre alguno de tus amigos cercanos y queridos…


SUGERENCIAS PARA LA EUCARISTÍA


SALUDO 1.

Hoy el evangelio nos mostrará la impresionante escena de Jesús y la mujer pecadora, donde la mala intención de los enemigos de Jesús se convertirá en camino de perdón para una mujer perseguida y asustada.
Jesús siempre mira de frente al «presunto» pecador. Jesús nunca aprendió a tirar piedras. Él sabe que cada acusador es incapaz de perdón , esa es la losa que lleva encima.
¿Quién de los que estamos aquí no ha sido alguna vez un acusica? ¿Quién de los que nos decimos amigos de Jesús, no hemos criticado o hablado mal de los demás. Comenzamos haciendo silencio y pidiendo perdón.

SALUDO 2.

Buenos días, amigos:

Niño 1. Hoy celebramos el quinto domingo de Cuaresma.
Niño 2. Queda muy poco para celebrar una nueva Pascua.
Niño 1. en el Evangelio veremos cómo Jesús no condena sino que invita a la conversión.
Niño 2. Jesús acoge con amor perdona siempre. Es justo y misericordioso.
Niño 1. Y nos pide a cada uno que ofrezcamos a los demás lo mejor de nosotros mismos.
Niño 2. Disfrutad de la misa




EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):

CRONISTA: En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:

FARISEO; «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
CRONISTA: Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
JESÚS: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
CRONISTA: E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:
JESÚS: «Mujer, ¿ dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
CRONISTA: Ella contestó:
MUJER: «Ninguno, Señor».
CRONISTA: Jesús dijo:
JESÚS: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

                                    Palabra del Señor


ORACIÓN DE LOS FIELES 1

1. Por la Iglesia de Dios, para que cuantos la formamos nos esforcemos, especialmente en este tiempo de Cuaresma, en reflejar en nuestra vida lo bueno que es Dios con nosotros.. Roguemos al Señor.

2. Por nuestros seminarios, para que los seminaristas y formadores constituyan auténticas comunidades de seguidores de Jesús. Roguemos al Señor.

3. Por las comunidades cristianas que no pueden celebrar la Eucaristía por falta de sacerdotes, para que no desfallezcan y en ellas nunca falte la oración sincera y humilde por las vocaciones sacerdotales. Roguemos al Señor.

4. Por las familias cristianas, especialmente por los papás para que sientan la protección de San José y puedan seguir cuidando de toda la familia, para que tengan trabajo, para que recen y nos enseñen a rezar. Roguemos al Señor.

ORACIÓN DE LOS FIELES 2

1. Tenemos cerradas las puertas. Enséñanos, Jesús, a ser una Iglesia en salida
2. Somos violentos en nuestras relaciones. Enséñanos, Jesús, a trabajar por la paz
3. Hacemos comentarios negativos de los que son diferentes. Enséñanos, Jesús, a aceptar a todos como son.
4. En nuestro mundo hay muchas personas que sufren. Enséñanos, Jesús, a ponernos en el lugar del otro y ayudar a quien lo necesite.
5.
Tenemos en los labios la crítica rápida. Enséñanos, Jesús, hablar bien del otro
6. Enseguida nos damos cuenta del fallo ajeno. Enséñanos, Jesús, a disculpar con cariño.
7. Contestamos enfadados a nuestros padres y abuelos. Enséñanos, Jesús, a decir palabras amables



Escribir en arena o en piedra.

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

Uno de ellos dio una bofetada al otro. El ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: “HOY, MI MEJOR AMIGO ME DIO UNA BOFETADA.”

Continuaron su camino y llegaron a un oasis donde se bañaron. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un cincel y escribió en una piedra: “HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVO LA VIDA”.

Intrigado, el amigo preguntó: “¿Por que después de que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?”

Sonriendo, el otro amigo respondió: “Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrar y hacer desaparecer la ofensa.

Por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento del mundo podrá borrarlo.


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