CUARESMA III (C)

“Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo”.
“Señor, déjala todavía este año” Lc 13, 1-9



CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA


MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días a todos, hace tres domingos que comenzamos la Cuaresma, nos encontramos ya en la mitad del camino que nos lleva a la Resurrección del Señor.

Hoy, Dios, nuestro Padre nos invita por medio de su palabra a estar muy pendientes de las necesidades de los demás y a aprender a querernos, no por lo que aparentamos sino por lo que somos: personas necesitadas de amor.


PETICIONES DE PERDÓN

1. Perdón Señor Por las veces que no soy generoso y no comparto con los demás. Perdóname, Señor!
2. Por las veces que ofendo a los otros, con insultos o mentiras. Perdóname, Señor!
3. Por las veces que no escucho a mis padres y creo sabérmelas todas. Perdóname, Señor!
4. Por las veces que peleo con mis hermanos y amigos. Perdóname, Señor!
5. Por las veces que no cumplo con mis trabajos, tareas y estudio. Perdóname, Señor!
6. Por las veces que me olvido de ti. Porque no escucho tu voz muy dentro de mí Perdóname, Señor!
7. Dame una nueva oportunidad para vivir como tú nos enseñas. Perdóname, Señor!


MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

Como vamos a escuchar ahora, Dios está siempre atento a lo que nos pasa; escucha nuestras quejas, nuestros problemas y siempre está dispuesto a intervenir en nuestras vidas a través de hombres y mujeres que, como Moisés, se comprometen a ayudar a los demás.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA

San Pablo nos invita a pensar que no basta con llamarnos a nosotros mismos cristianos, sino que lo verdaderamente importantes del cristiano es la búsqueda continuada del cambio en nuestro corazón.


Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (3,1-8a.13-15):

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.»
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: «Moisés, Moisés.»
Respondió él: «Aquí estoy.»
Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.»
Y añadió: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.» Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.»
Moisés replicó a Dios: «Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.» Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?»
Dios dijo a Moisés: «»Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: `Yo-soy’ me envía a vosotros».»
Dios añadió: «Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».» Palabra de Dios



Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,1-6.10-12):
No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.  Palabra de Dios

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?» Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».»

Palabra del Señor


EL ENANO Y EL GIGANTE

Cuentan que un gigante se disponía a atravesar un río profundo y se encontró en la orilla con un pigmeo que no sabía nadar y no podía atravesar el río por su profundidad.

El gigante lo cargó sobre sus hombros y se metió en el agua. Hacia la mitad de la travesía el pigmeo, que sobresalía casi medio metro por encima de la cabeza del gigante, alcanzó a ver, sigilosamente apostados tras la vegetación de la otra orilla, a los indios de una tribu que esperaban con sus arcos a que se acercase el gigante.

El pigmeo avisó al gigante. Éste se detuvo, dio media vuelta y comenzó a deshacer la travesía. En aquel momento, una flecha disparada desde la otra orilla se hundió en el agua cerca del gigante, pero sin haber podido llegar hasta él. Así ocurrió con otras sucesivas flechas, mientras ambos, gigante y pigmeo, ganaban la orilla, sanos y salvos.

El gigante dio las gracias al pigmeo, pero éste replicó: “Si no me hubiese apoyado en ti, no habría podido ver más lejos que tú”.
González Faus


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Testimonio desde el grupo «Catecumenado de Adultos» que se reúne en la Parroquia Corazón de María.

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PETICIONES

1- Pedimos por la Iglesia, para que en este tiempo de Cuaresma proclame con mayor intensidad la conversión de todas las personas a Dios, roguemos al Señor.

2- Por todos los que sufren, por los enfermos, los que no tienen trabajo, los que se encuentran solos, para que sientan la ternura de Jesús en sus vidas y encuentren la ayuda de los que les rodean, roguemos al Señor.

3- Por todos nosotros, por nuestra comunidad parroquial, para que aprovechemos este tiempo de Cuaresma como un momento privilegiado para acercarnos más a Dios, roguemos al Señor.

4- Por todos nosotros, para que vivamos con intensidad lo que estamos celebrando estos días y no seamos meros espectadores de estos grandes acontecimientos, roguemos al Señor.



ACCIÓN DE GRACIAS

Amigo Jesús: ayúdame a ser humilde y sincero.
A no aparentar lo que no soy ni querer ser más que los otros.

Enséñame a decir siempre la verdad y a no mentir,
aunque a veces cueste bastante y haya que poner mucha voluntad.

Quiero aprender a ayudar y a dar una mano a todo el que lo necesite.
Abre mi corazón para que viva pensando en los demás.

Dame coraje y valentía para ser honesto y no engañar a nadie.
Para ganarme las cosas esfuerzo y dedicación.

Ayúdame a cumplir todas las metas que me propongo
para crecer y ser cada día mejor persona.


        ¡NO LA ROMPAS, QUE CREZCA!

Un maestro de escuela intentaba ofrecer a sus alumnos una enseñanza provechosa para sus vidas.

Repartió a cada uno una pequeña semilla: maíz, trigo, cebada, arroz, manzana, ciruela, avellana …
Y cuando todos contemplaban la semilla en la palma de u mano, les hizo la pregunta: «Pensadlo bien», les dijo, «¿cómo llegarías a saber lo que guarda dentro cada una de esas semillas?»

Las respuestas llegaron pronto, irreflexivas y fáciles:
«abriendo la semilla»;
«se da con una piedra,, ..
«abrir su interior y salir de dudas» …
Sólo un niño estaba pensativo y dudoso.

El maestro le observó y le volvió a hacer la pregunta: «¿ Tú qué harías para saber lo que guarda tu semilla?».

«Yo», respondió el niño, «la sembraría, la cuidaría y la dejaría crecer hasta el final»
Para conocer y gozar de la riqueza de una persona no la rompas ni la «guardes»; ayúdala a ser ella misma, cada día más libre, a crecer y expandirse en relaciones y actividades según sus dones.

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