CORPUS CHRISTI 19

 

La Campaña Institucional de este año se plantea los siguientes objetivos:

▶ Abrir nuestro corazón para que nos dejemos transformar por la realidad que nos interpela.

▶ Proponer caminos para adaptar nuestro estilo de vida, nuestra manera de actuar, a lo que esta realidad nos pide.

▶ Hacer de nuestra acción, compromiso; de nuestro compromiso, actitud; de nuestra actitud, vida; de nuestra vida, transformación y que nuestra transformación mejore el mundo.

▶ Tomar conciencia de que no estamos solos en esto. Nos guía el Espíritu y nos acompaña la Iglesia, comunidad de Jesús y sus discípulos.


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Bendice mis manos (Sabine Naegeli)

Señor, bendice mis manos
para que sean delicadas y sepan tomar
sin jamás aprisionar,
que sepan dar sin calcular
y tengan la fuerza de bendecir y consolar.

Señor, bendice mis ojos
para que sepan ver la necesidad
y no olviden nunca lo que a nadie deslumbra;
que vean detrás de la superficie
para que los demás se sientan felices
por mi modo de mirarles.

Señor, bendice mis oídos
para que sepan oír tu voz
y perciban muy claramente
el grito de los afligidos;
que sepan quedarse sordos
al ruido inútil y la palabrería,
pero no a las voces que llaman
y piden que las oigan y comprendan

aunque turben mi comodidad.

Señor, bendice mi boca
para que dé testimonio de Ti
y no diga nada que hiera o destruya;
que sólo pronuncie palabras que alivian,
que nunca traicione confidencias y secretos,
que consiga despertar sonrisas.

Señor, bendice mi corazón
para que sea templo vivo de tu Espíritu
y sepa dar calor y refugio;
que sea generoso en perdonar y comprender
y aprenda a compartir dolor y alegría
con un gran amor.

Dios mío, que puedas disponer de mí
con todo lo que soy, con todo lo que tengo.



TESTIMONIO

Mi padre era un enamorado de Jesús Eucaristía.

Recuerdo de pequeña, las visitas a Jesús Sacramentado en el convento de las Concepcionistas Franciscanas de mi pueblo en Épila, que tenían adoración perpetua. La Iglesia estaba siempre abierta, podías acudir a cualquier hora del día. Mis hermanos y yo acompañábamos muchas veces a mi padre.

Él, toda su vida fue muy fiel a la oración ante el Santísimo, siempre que pudo acudió a los jueves eucarísticos de la parroquia Nuestra Señora de la Almudena.

Al entrar, la Iglesia estaba a oscuras. Solo una luz iluminaba el altar donde estaba expuesto el santísimo. Ocupábamos los primeros bancos. Detrás de las rejas se barruntaba la presencia de alguna religiosa, haciendo la vela.
Recuerdo los ojos de mi padre fijos en Jesús y hacia Él dirigiendo su oración. Una oración silenciosa, una oración contemplativa…Bendito y alabado sea Jesús.

En otros momentos a los pies del Santísimo, oraba de rodillas con los ojos cerrados.

No sé cuanto rato estaríamos allí, pero no se me hacía largo. Yo, callada, observaba todo en silencio. Sintiendo en mi corazón que Dios estaba allí, escondido en un trocito de pan.

Me gustaba ir a ver a Jesús y fue mi padre con su ejemplo quien me enseñó la importancia de la oración, quien me enseñó a adorar y alabar a Dios en la Eucaristía y a tenerle presente en mi vida.

Ahora ya de mayor, comulgando cada día recibo una invitación a ser pan, a ser alimento, a saciar el hambre de tanta gente…

Beatriz

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