ASUNCIÓN DE LA VIRGEN

FIESTA DE LA ASUNCIÓN

 

 

María se turba cuando la visita el ángel.
María sube a la montaña
para ayudar a Isabel.

María estalla
en un canto de acción de gracias.

María da gracias por sí misma.

Con María hay que aprender a agradecer los dones recibidos.


«María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales una montaña de ternura.

Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza.
Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas.
Ella es la del corazón abierto por la espada que comprende todas las penas.
Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno.

Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia.
Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios. Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 286).


SALUDO:

Hoy es un día de alegría para toda la iglesia. En pleno corazón del mes de Agosto, la liturgia nos vuelve a acercar la figura de María. En nuestro mundo en el que no abundan las buenas noticias los creyentes estarnos invitados a celebrar esta fiesta: Dios quiso que María, una mujer sencilla de Nazaret, fuera la Madre del Mesías, del Hijo de Dios y que después participara de su triunfo.

Su culto está arraigado en lo más hondo de los pueblos. En miles y miles de templos y ermitas en todo el mundo recibe María el homenaje de los fieles en procesiones y romerías.

También nosotros nos unimos a esta fiesta y hacemos de esta Eucaristía un acto comunitario de alabanza a Dios por la presencia de María en nuestras vidas.

Con María proclamamos la grandeza del Señor.


PERDÓN:

1. Tú, el Hijo de María, el Hijo de Dios. Señor, ten piedad.
2. Tú, el vencedor del pecado y de la muerte. Cristo, ten piedad.
3. Tú que has hecho participar a María de la alegría de la resurrección. Señor, ten piedad.


Primera lectura

Apoc 11, 19; 12, 1-6. 10
Se abrió el templo de Dios en el cielo y dentro de él se vio el arca de la alianza. Apareció entonces en el cielo una figura prodigiosa: una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. Estaba encinta y a punto de dar a luz y gemía con los dolores del parto.

Pero apareció también en el cielo otra figura: un enorme dragón, color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y una corona en cada una de sus siete cabezas. Con su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Después se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo, en cuanto éste naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue llevado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios.

Entonces oí en el cielo una voz poderosa, que decía: “Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías”.


Segunda lectura

Hermanos: Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos.
En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida, pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.
Enseguida será la consumación, cuando Cristo entregue el Reino a su Padre, después de haber aniquilado todos los poderes del mal. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte, porque todo lo ha sometido Dios bajo los pies de Cristo. Palabra de Dios


 EVANGELIO

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María:
“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo,
como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre’’.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa. Palabra del Señor


PETICIONES

Se responde: ESCÚCHANOS, SEÑOR.
1. Oremos por la Iglesia, para que sepa mirarse en la ternura de María, poner su esfuerzo en ayudar a los más pobres y dar razón, con las obras, de la esperanza que la anima. Oremos: ESCUCHANOS, SENOR.
2. Oremos por todas las madres de la tierra, para que crezca en ellas la confianza en Dios y enseñen a sus hijos a amar a María, agradeciendo a Dios el don de sus hijos. Oremos: ESCUCHANOS, SENOR.
3. Oremos por los que sufren en su cuerpo a causa de la miseria, la marginación, la enfermedad o la vejez, para que no les falte la ayuda de los cristianos y de todos los hombres. Oremos: ESCUCHANOS, SENOR.
4. Oremos por los difuntos de nuestras familias, por los de nuestra parroquia y nuestro barrio para que puedan participar de la cercanía de Dios junto a María. Oremos: ESCUCHANOS, SENOR.
5. Oremos por los que nos hemos reunido en esta Eucaristía para celebrar la Fiesta de la Virgen para que sintamos la alegría y la gracia de Dios en nuestras vidas. Oremos: ESCUCHANOS, SENOR.

Padre, de ti hemos recibido lo que somos y tenemos, como a María concédenos lucidez y generosidad para emplear nuestras fuerzas en el servicio de tu plan de salvación.. Por J.N.S.



Oración a María Asunta al Cielo

A ti, la gloriosa, Virgen y Madre, Santa María, a quien los discípulos de tu Hijo veneraron como a madre propia, por fidelidad al testamento del Crucificado, y a quien nosotros seguimos venerando del mismo modo.

A ti, la Bienaventurada, la llena de gracia, según el saludo del ángel, elevada a lo más alto del cielo, a cuya casa los discípulos de tu Hijo sintieron la necesidad de acudir a la hora de tu tránsito para despedirte y sentir tu última mirada terrena, y a quien nosotros acudimos también para sentirnos mirados por tus ojos misericordiosos.

A ti, la Bendita entre todas las criaturas, como te saludó tu prima Isabel, que gozas de la gloria de tu Hijo y nos confirmas nuestro destino, a ti, a quien los primeros cristianos invocaron como a Madre de Dios y sintieron cobijo y defensa, y nosotros seguimos sintiéndolos cuando rezamos la invocación más antigua: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desoigas la oración de tus hijos, necesitados. Líbranos de todo peligro, Oh siempre gloriosa y bendita”.

A ti, la Reina de todo lo creado porque participas del triunfo de tu Hijo, a ti, a quien podemos invocar como abogada nuestra ante el trono de Dios, como lo fue ante el emperador Asuero la reina Ester en favor de su pueblo. Sabemos que intercedes por nosotros. Así te rezamos todos los días: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”.

A ti, Esperanza nuestra, porque creemos que vives donde la humanidad tiene su destino, a quien cantan los monjes: “Dios te salve, reina y madre, esperanza nuestra”, desde que San Pedro Mezonzo compusiera la oración más popular, la “Salve”.

A ti, Nuestra Señora, y Señora de los ángeles, puerta del cielo, a quien san Bernardo cantó extasiado: “¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce siempre virgen, María!”, a ti, que nos dejas sentir la certeza de tu acompañamiento peregrino.

A ti, Asunta al cielo, que no quiere decir ajena a nuestra historia; por el contrario, te sentimos compañera nuestra mientras recorremos valles oscuros y de lágrimas. Sé tú nuestro consuelo, y aviva en nosotros la certeza de los peregrinos, que avanzan seguros hacia la meta luminosa, tú que eres estrella de la mañana, luz del alba, aurora de la vida.

Hoy, el día que veneramos y festejamos tu triunfo, al tiempo de felicitarte y de felicitarnos en ti dando voz a todos los que aún caminamos por este mundo, te pedimos que ruegues por todos a tu Hijo Jesús, para que un día alcancemos la gloria de la que tu ya gozas.

María, reina, asunta al cielo. Ruega por nosotros.     Tomado de CIUDAD REDONDA Angel Moreno



Marcar el enlace permanente.

Comentarios cerrados.