JUEVES SANTO

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- 10.30: Rezo de Laudes
- 18.00: Misa de La Cena del Señor
- 21.30: Hora Santa ante el Monumento


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Ambientación

Una tradición cristiana hace que la noche del Jueves Santo sea una noche especial de oración para recordar la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos. También es noche de procesiones: Unas son procesiones del silencio. Otras son procesiones de oración, de promesas, de penitentes. La noche fue siempre un tiempo oportuno para los grandes orantes. Jesús no sólo oró esa noche. Muchas noches se retiraba a orar. Nosotros queremos unimos a esta corriente y tradición que existe en el pueblo cristiano. Hoy muchos hombres y mujeres dedicarán un tiempo a orar.


Recordemos el pasaje evangélico.

Lectura del evangelio de san Mateo 26,36-46

Jesús llegó con sus discípulos a un huerto que llamaban Getsemaní, y les dijo:

Sentaos aquí, mientras yo me voy allí a orar.

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: quedaos aquí y estad conmigo en vela.

Adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y se puso a orar, diciendo:

Padre mío, si es posible, que se aleje de mí ese trago. Sin embargo, que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Se acercó a los discípulos, los encontró adormilados Y dijo a Pedro:

‘Vaya ¿No habéis podido velar ni una hora conmigo? Estad en vela y pedid no ceder en la prueba; el espíritu es animoso, pero la carne es débil. Se apartó por segunda vez y oró diciendo:

Padre mío, si no es posible que yo deje de pasarlo, realícese tu designio. Al volver los encontró otra vez adormilados, porque se caían de sueño. Los dejó, se alejó de nuevo y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Al final, se acercó a los discípulos y les dijo:

¿Así que durmiendo y descansando? Mirad, ha llegado la hora de que este Hombre sea entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos! Ya está ahí el que me entrega........


TIEMPO DE REFLEXIÓN

- Vamos a recordar, en esta noche de oración, en este memorial de la oración de Jesús en Getsemaní, a hombres y mujeres que han temblado de miedo o que están temblando de miedo o que están por los suelos porque se les han acumulado «golpes fuertes» en la vida, a hombres y mujeres traicionados por los íntimos, quizá por los más íntimos.

(Tiempo de silencio, oración…)

- Vamos a recordar, en esta noche de oración, en este memorial de la oración de Jesús en Getsemaní, a hombres y mujeres que gritan con todas sus fuerzas: «aparta de mí este cáliz; aparta de mí este dolor; aparta de mí esta persona; aparta de mí esta situación que tengo que afrontar..,».

(Tiempo de silencio, oración…)

- Vamos a recordar, en esta noche de oración, en este memorial de la oración de Jesús en Getsemaní. a hombres y mujeres que se las dan de algo, que se creen superiores, que parece que no tienen miedo y van dando una imagen falsa de modelos de persona, parapetados en fachada que no son más que pura apariencia.

(Tiempo de silencio, oración…)

- Vamos a recordar, en esta noche de oración, en este memorial de la oración de Jesús en Getsemaní, a hombres y mujeres desesperados, vivos muertos, vivos que no quieren vivir ni luchar, vivos que ya han desertado de la vida y se levantan cada mañana sin esperanzas y sin ilusiones para seguir viviendo.

(Tiempo de silencio, oración…)

- Vamos a recordar, en esta noche de oración, en este memorial de la oración de Jesús en Getsemaní, a hombres y mujeres que sienten el abandono de Dios y de los hermanos y hermanas; hombres y mujeres que gritan y su grito no es escuchado, o creen que no es escuchado... Hombres y mujeres que no creen en el cielo porque han visto demasiado infierno aquí entre los humanos.

(Tiempo de silencio, oración…)

- Vamos a recordar, en esta noche de oración, en este memorial de la oración de Jesús en Getsemaní, a hombres y mujeres que como Jesús de Nazaret creen que la última palabra no es la desesperación, ni el frío, ni la soledad. La última palabra es la confianza en uno mismo, en Dios, en los demás.

(Tiempo de silencio, oración…)

- Vamos a recordar, en esta noche de oración, en este memorial de la oración de Jesús en Getsemaní, a hombres Y mujeres que en los momentos de debilidad, cuando tocan lo poco que es la persona, siguen creyendo que en la debilidad hay gérmenes de esperanza porque Dios no abandona la obra de sus manos. (Tiempo de silencio, oración…)


HOY CREO UN POCO MÁS EN TI

Me has despertado y besado
Me has cogido de la mano
Y me has llevado a pasear
Por sitios que había olvidado.

Me has sacado de mi mundo
De mis penas y barreras.
Has hecho que levantara los ojos
Y viera algo de lo que me rodea.

Has cansado mi cuerpo bien sudado
Pero has aligerado mi espíritu
Y devuelto la paz y la alegría
Que tenía olvidadas o perdidas.

No sé si por todo esto, Señor;
O porque estoy aprendiendo,
O porque las dudas ya no son lo mío,
Hoy creo un poco más en Ti.


TEXTO DE AUTOR ANÓNIMO
PARA EL MONTAJE "HORA SANTA"

Aún tenía en los labios el sabor de la copa.
Y el aliento llevaba el olor a pan fresco.

Aún se oía la voz de la llamada a la amistad
y tus manos estaban aún mojadas
del agua del caldero.

Aún sentías el calor del amigo que se acercaba
Descansando su dolor y pena sobre tu pecho.
Era la noche de la traición.
Era la noche, tu noche.
Obscura, sin luna, sin estrellas.
Noche en tu huerto.
Era la noche de sentirte solo
en soledad y angustia.
Solo ante Dios y el hombre
como si fuera un reto.
Era la noche de quedarte lejos,
sin los tuyos,
orando al Padre,
sin perder de vista a ellos.

Era la noche, Señor del alba,
señor del hombre,
donde tu rostro humano
sintió la frialdad del suelo.
Era la noche.
La noche del pan partido y la copa pasada
de mano en mano, de boca en boca,
en signo de un recuerdo

Yo creo en ti, varón de dolores,
hombre entre los hombres
luchando con la muerte,
porque tu eres vida y sendero
para entregarla a los hombres
que caminan solitarios
sin saber por qué,
ni para qué, ni a dónde.
Solos sin remedio.

Yo creo en ti,
sudando sangre
y muerto de tristeza,
temblando el corazón
y lleno de dolor y miedo.

Señor Jesús, yo creo en ti,
doliente hasta la muerte,
en lucha con el trago,
en lucha abierta hasta beberlo.

Yo creo en ti,
abierto tu corazón al Padre,
hecho grito
pidiendo que el imposible
se haga posible,
se haga cierto.

Yo creo en tu corazón abierto
a la voluntad del Padre
porque en tu vida,
su plan sobre ti es tu proyecto.

Yo creo en ti
en lucha con la muerte,
la condena,
porque eres fiel
en obediencia,
como manso cordero.

Yo creo en ti,
corazón dolorido
por amor al hombre,
porque tú has abierto
las puertas de tu casa
al mundo entero.

Señor Jesús, quiero hacer silencio
ante tu llanto y grito.
Quiero hacer silencio
ante el cansancio de tu silencio.
Quiero acercarme a ti
y palpar tu cuerpo dolorido.
Quiero ponerme a tu lado
y hacer oración en tu misterio.
Quiero decir contigo:
“Si es posible, Padre, si es posible,
que pase este trago,
que sabe a hiel y es duro y seco”
Quiero decir contigo:
“Padre, que se haga tu voluntad, y no la mía.
Porque tú eres, Padre, primero”

Señor Jesús,
enséñame a orar la vida,
orar la sangre,
orar la crisis,
orar en la tentación,
orar que es riesgo
querer beber el cáliz amargo,
cuando uno solo
sin fuerzas, sin luz,
sin nadie, en noche,
quiere beberlo.

Señor Jesús,
señor de la noche
eterna y salvadora,
Señor obediente hasta la muerte,
con amor sincero,
Tú que eres señor del alba,
Señor de la mañana,
danos tu luz,
cuando la noche
nos vuelve ciegos.
Tu personalidad,
tu interioridad,
tu ser dentro,
no podía morir.

El amor, la verdad,
la misericordia,
tenía que seguir
viviendo.

¡ALELUYA! ¡CRISTO VIVE!


ARDIENTEMENTE HE DESEADO CENAR CON VOSOTROS


En esta tarde, tengo el corazón ardiendo:
Porque os quiero mucho. Hasta el extremo. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Y YO DOY MI VIDA POR VOSOTROS.
Porque mi Padre y la gente, me han ido pidiendo cada vez más, y el corazón se me ha ido llenando de nombres. Me hierve de amor.
Porque el amor llena, pero también quema, deshace y consume.

Quiero daros las gracias, porque me habéis seguido hasta aquí. He encontrado a mucha gente buena. He invitado a algunos: ¡Ven y sígueme! ¡Déjalo todo! Pero ¡qué pocos se han fiado de mí! No se atreven a darme un sí radical, sin condiciones.

Al final de todos estos años, sólo habéis quedado unos pocos.
Y no porque seáis buenos, ni inteligentes, ni los más capaces. No.
La gente buena no me necesita.
Los que tienen todo proyectado, decidido y resuelto, no me valen.
Los que van de fuertes y no saben necesitar, no pueden estar conmigo.
Los que tienen de todo menos corazón, no me interesan.

Yo he procurado que vuestro corazón vibre al ritmo del mío, que os emocionéis y os ocupéis:
De los que se valoran poco como personas
De los que se van quedando tirados al borde de todos los caminos.
De los que tienen el corazón atascado, sucio, endurecido o frío.
De los que tienen su vida vacía
De los que necesitan una mirada limpia de cariño.

Es difícil levantarse cada mañana y ver cuánto nos queda por hacer, cuánto tenemos que cambiar y cambiarnos para que este mundo se parezca cada vez más al que soñó mi Padre.

Necesito estar un rato a solas con vosotros, abriros del todo mi corazón y deciros mis últimas palabras, porque mi tiempo se termina.

La pena la siento muy dentro, porque ¡HABÉIS ENTENDIDO TAN POCO DE LO QUE YO QUERÍA HACER CON VOSOTROS! Tenéis buenas intenciones pero... ¡no basta!

¡PEDRO! ¡Qué pronto vas a arrugarte y a decir que no me conoces! Es que confías demasiado en ti mismo. Te crees muy fuerte, pero EL MIEDO TE PUEDE. Y LAS DUDAS. No, no digas nada. Algún día derramarás unas lágrimas de amor, reconocerás que no eres tan fuerte ¡y cambiarás! No importa que me falles. A pesar de ello, he querido que estés conmigo en esta noche. Tú lo necesitas. ¡Y yo te necesito tanto!

¡JUDAS, AMIGO! A pesar de todo, te llamo «amigo». Ya sé que vas a prescindir de mí.
Prefieres tus planes a los míos. No estás dispuesto a cambiar nada. Ni siquiera te has atrevido a faltar aquí esta tarde y decirme las cosas claras. Pero aunque me duele en el alma tu traición, quiero compartir mi cena contigo. Tal vez algún día te arrepientas...

¡Y LOS DEMÁS! ¡Qué bien lo pasáis juntos! Os gusta hablar de mí y conmigo. Me dedicáis mucho tiempo... mientras no tengáis otra cosa mejor que hacer. Pero decisiones personales, bien pocas. Vuestras preocupaciones y conversaciones, son muchas veces tan distintas de las mías.

Divididos entre vosotros por tonterías y asuntos sin importancia. ¡A ver si de una vez aprendéis a ser uno! Es uno de mis más profundos deseos. Se acerca la hora de que toméis postura respecto a mí. ¡Sé que me dejaréis solo! Ni siquiera aguantaréis orando conmigo esta noche. Cuando más os necesite... ¡os quedaréis dormidos!

Pero por eso precisamente, porque sois débiles, inmaduros, miedosos, flojos... ¡Necesitáis estar conmigo! Os lo diré muchas veces: ¡Sin mí no podéis hacer nada!

Quiero que recibáis mi pan y mi cáliz. Una cena no es para quedarse mirando, ni para que escuchéis tranquilamente sentados en vuestros asientos lo que yo quiera deciros.

QUIERO QUE OS COMPROMETÁIS CONMIGO, que seáis como yo. Y si no coméis mi pan, si no aceptáis mi copa... NO TENÉIS NADA QUE VER CONMIGO. No sois de los míos.

COMO UN TROZO DE PAN QUE SE PARTE. Así soy yo. Durante toda mi vida me he ido partiendo y repartiendo entre todos los que tenían hambre de amor, de paz, de ajusticia, de acogida, de proyectos de vida elevados, todos los que deseaban ser profundamente felices.

Comedlo despacio. Masticadlo y daos cuenta de que el pan, como la vida, sólo aprovecha si se da a otros.

Esto os pido: QUE HAGÁIS LO MISMO QUE YO. QUE SEÁIS PAN.


Jueves 24 de marzo de 2016, por Parroquia Corazón de María (Zaragoza)


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