ESO ES COSA DE...

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Eso es cosa de los curas,
de los catequistas
de los que no tienen nada que hacer...
Como no es cosa mía,
me lavo las manos.

Sí es cosa mía, las cosas de la comunidad.
Sí es cosa mía, la misión de la comunidad.
Sí es cosa mía, la vida de la comunidad.
Sí es cosa mía, el deber de engendrar hijos en la comunidad.
Sí es cosa mía, el anunciar el reino de Dios desde la comunidad.
Sí es cosa mía, todo lo que es tarea de la comunidad.
Sí es cosa mía, alegrarme y celebrar los sacramentos de la comunidad.
Sí es cosa mía, .....

Sí es cosa mía escuchar la llamada del Espíritu que me impide implicación en la comunidad.

Sí es cosa mía cambiar el vocabulario: dejar los abstractos y comenzar a decir:

mi comunidad,
mi parroquia,
mi diócesis,
mi iglesia,
mi compromiso bautismal,
mi sentirme hijo de la iglesia
mi disponibilidad,
mi tiempo y mi experiencia para la comunidad,
mi...

Sin sentido de pertenencia
no hay sentido de compromiso

Sin sentido de pertenencia
no nace el sentido de corresponsabilidad.

A. Ginel.


BENEDICTO XVI EXPLICA LA EUCARISTÍA A NIÑOS

Querido Papa, ¿qué recuerdo tienes del día de tu primera Comunión?

Recuerdo bien el día de mi primera Comunión. Fue un hermoso domingo de marzo de 1936; o sea, hace 69 años. Era un día de sol; era muy bella la iglesia y la música; eran muchas las cosas hermosas y aún las recuerdo.

Y comprendí que entonces comenzaba una nueva etapa de mi vida —tenía 9 años— y que era importante permanecer fiel a ese encuentro, a esa Comunión. Prometí al Señor: "Quisiera estar siempre contigo" y le pedí: "Pero, sobre todo, está tú siempre conmigo". Y así he ido adelante por la vida. Así, esa alegría de la primera Comunión fue el inicio de un camino recorrido juntos. Espero que, también para todos vosotros, la primera Comunión, sea el inicio de una amistad con Jesús para toda la vida.

Mi catequista, al prepararme para el día de mi primera Comunión, me dijo que Jesús está presente en la Eucaristía. Pero ¿cómo? Yo no lo veo.

Sí, no lo vemos, pero hay muchas cosas que no vemos y que existen y son esenciales. Por ejemplo, no vemos nuestra razón; y, sin embargo, tenemos la razón. No vemos nuestra inteligencia, y la tenemos. En una palabra, no vemos nuestra alma y, sin embargo, existe y vemos sus efectos, porque podemos hablar, pensar, decidir, etc. Así tampoco vemos, por ejemplo, la corriente eléctrica. No vemos la electricidad, la corriente, pero vemos la luz. Y así sucesivamente. Del mismo modo, tampoco vemos con nuestros ojos al Señor resucitado, pero vemos que donde está Jesús los hombres cambian, se hacen mejores.

Se crea mayor capacidad de paz, de reconciliación, etc. Por consiguiente, no vemos al Señor mismo, pero vemos sus efectos. Por eso, vayamos al encuentro de este Señor invisible, pero fuerte, que nos ayuda a vivir bien.

Todos nos dicen que es importante ir a misa el domingo. Nosotros iríamos con mucho gusto, pero, a menudo, nuestros padres no nos acompañan porque el domingo duermen. El papá y la mamá de un amigo mío trabajan en un comercio, y nosotros vamos con frecuencia fuera de la ciudad a visitar a nuestros abuelos. ¿Puedes decirles una palabra para que entiendan que es importante que vayamos juntos a misa todos los domingos?

Creo que sí, con el respeto y el amor de una hija, se puede decir: querida mamá, querido papá, sería muy importante para todos nosotros, también para ti, encontrarnos con Jesús. Esto nos enriquece, trae un elemento importante a nuestra vida. Juntos podemos encontrar un poco de tiempo, podemos encontrar una posibilidad. Quizá también donde vive la abuela se pueda encontrar esta posibilidad……y será una luz del domingo para toda nuestra familia".

¿Para qué sirve, en la vida de todos los días, ir a la santa misa y recibir la Comunión?

Sirve para hallar el centro de la vida. Si Dios está ausente en mi vida, me falta una orientación, me falta una amistad esencial, me falta también una alegría que es importante para la vida. Me falta también la fuerza para crecer como persona, para superar mis fallos y madurar humanamente. El efecto de estar con Jesús cuando vamos a recibir la Comunión; se ve con el tiempo.

¿nos puedes explicar qué quería decir Jesús cuando dijo a la gente que lo seguía: "Yo soy el pan de vida"?

Hoy nuestra comida es refinada, con gran diversidad de alimentos, pero en las situaciones más simples el pan es el fundamento de la alimentación, un resumen de todo el alimento. Y como necesitamos alimentar nuestro cuerpo para vivir, así también nuestro espíritu, nuestra alma, nuestra voluntad necesita alimentarse. Así pues, si Jesús dice "yo soy el pan de vida", quiere decir que Jesús mismo es este alimento de nuestra alma, del hombre interior, que necesitamos, porque también el alma debe alimentarse. Necesitamos precisamente esta amistad con Dios, que nos ayuda a tomar las decisiones correctas. Necesitamos madurar humanamente. En otras palabras, Jesús nos alimenta para llegar a ser realmente personas maduras y para que nuestra vida sea buena.

La Adoración eucarística. ¿Qué es?

Diría que la adoración es reconocer que Jesús es mi Señor, ….adorar es decir: "Jesús, yo soy tuyo y te sigo en mi vida; no quisiera perder jamás esta amistad, esta comunión contigo". También podría decir que la adoración es, en su esencia, un abrazo con Jesús, en el que le digo: "Yo soy tuyo y te pido que tú también estés siempre conmigo".

El día anterior a mi primera Comunión me confesé. Luego, me he confesado otras veces. ¿debo confesarme todas las veces que recibo la Comunión? ¿Incluso cuando he cometido los mismos pecados? Porque me doy cuenta de que son siempre los mismos.

Diría dos cosas: la primera, naturalmente, es que no es necesario confesarse antes de cada Comunión eucarística. Sólo es necesario en el caso de que hayas cometido un pecado realmente grave, cuando hayas ofendido profundamente a Jesús, de modo que la amistad se haya roto y debas comenzar de nuevo.

El segundo: Es muy útil confesarse con cierta frecuencia. Limpiamos nuestras casas, nuestras habitaciones. Algo semejante vale también para el alma, y esta limpieza del alma, que Jesús nos da en el sacramento de la Confesión, nos ayuda a tener una conciencia más despierta, más abierta, y así también a madurar espiritualmente y como persona humana. Resumiendo, dos cosas: sólo es necesario confesarse en caso de pecado grave, pero es muy útil confesarse regularmente para mantener la limpieza, la belleza del alma, y madurar poco a poco en la vida.

Martes 3 de mayo de 2016, por Parroquia Corazón de María (Zaragoza)


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