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DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD

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Este domingo, un tanto atípico, no contiene ninguna fiesta especial. Hemos celebrado ya la Sagrada Familia, Santa María, Madre de Dios, y a la vuelta de la esquina la Epifanía o los Reyes Magos.

La liturgia retorna una y otra vez al portal de Belén, escuchamos de nuevo textos que ya leímos la víspera, la noche y el día de Navidad, descubriéndonos nuevos aspectos.


En este segundo domingo de Navidad pidamos al Niño Dios
- que seamos presencia de Dios para los demás,
- que seamos gracia y verdad de Dios,
- que seamos vida y luz para los demás,
- que nuestras obras sean buenas y brillen para gloria de Dios.

Que vivamos como hijos de Dios, y así, hacer presente en nuestro mundo la presencia y la figura de Dios.

Una presencia y una figura de Dios que sea capaz de curar tantas dolencias como padecemos.


EL VINO DESDE EL CIELO

A ENCONTRARSE CON LA HUMANIDAD

EN LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA

PARA INUNDARNOS CON SU LUZ

Y ELEVARNOS A LA CATEGORIA DE HIJOS.


Para la Eucaristía...

SALUDO:

En este domingo segundo de Navidad no celebramos ninguna fiesta particular, nos sitúa a las puertas de la Fiesta de los Reyes e intenta ayudarnos a volver de nuevo al Portal y contemplar el gran misterio de la Navidad. Él es la Palabra de Dios, la Luz que, en medio de las tinieblas, viene al mundo.

La Navidad es Dios que nos ama tanto.

Hoy, sin María y los pastores sin ángeles se nos habla de la Navidad. Invitados a escuchar la Palabra y compartir el Pan de la Eucaristía.


PETICIONES:

1. Por la Iglesia para que viva siempre desde la Palabra de Dios y sea un recinto abierto donde todos encuentren fuerza para vivir esperanzados. Roguemos al Señor.

2. Por los que tienen cargos públicos que se unan para lograr un mundo de justicia e igualdad. Roguemos al Señor.

3. Por los que trabajan por la paz y en defensa de los más débiles. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que hacen presente a Dios en su vida con gestos de ternura, de acogida, de silencio, de perdón, de solidaridad. Roguemos al Señor.

5. Por todos los que estos días vivís lejos de vuestros seres queridos. Roguemos al Señor.


Las conquistas de Alejandro Magno, a finales del siglo IV a.C., supusieron una gran difusión de la cultura griega. En Judea, como en todas partes, los griegos ejercían un influjo enorme: cada vez se hablaba más su lengua, se imitaban sus costumbres, se construían edificios siguiendo su estilo, se abrían gimnasios, se enseñaba la doctrina de sus filósofos. Los judíos, al menos la clase alta, estaban encandilados con la sabiduría de Grecia.

Sin embargo, algunos autores no compartían ese entusiasmo. Para ellos, la sabiduría griega era un producto reciente, obra del ingenio humano, y tenía su templo en un lugar pagano, Atenas. La verdadera sabiduría es eterna, procede de Dios, y reside en Jerusalén:

Libro del Eclesiástico,

Lectura del libro del Eclesiástico (24,1-2.8-12):

LA sabiduría hace su propia alabanza,
encuentra su honor en Dios
y se gloría en medio de su pueblo.

Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y nunca más dejaré de existir.

En la ciudad amada encontré descanso,
y en Jerusalén reside mi poder.
Arraigué en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad».


San Juan (1,1-18):

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.


Hay que tener confianza en la vida
a pesar de lo mal que dicen que está todo.
Hay que tener esperanza en las personas, ¡en todas!
Sólo en algunas hasta los fariseos y necios la tienen...
Hay que confiar más en Dios
y echarnos en sus brazos y descansar en su regazo.

Hay que esperar en Dios.
Mejor: hay que esperar a Dios.
Y si todo esto ya lo hacemos,
una cosa nos falta todavía:
Hay que esperar con Dios
a que su Palabra se haga buena nueva
en nuestras entrañas,
en su casa, que es nuestra casa.

Ulibarri


Reflexión tomada del artículo "Feliz año nuevo" recibido en

COLABORACIONES, apartado de esta misma pag. web.

“Gandhi señala los tres espacios vitales del cosmos, cada uno de ellos con su propio modo de ser. En el mar viven los peces y callan; los animales de la tierra gritan, pero las aves, cuyo espacio vital es el cielo, cantan.

Lo propio del mar es el silencio; lo propio de la tierra el grito; lo propio del cielo el canto. Pero el hombre participa de las tres cosas: lleva en sí la profundidad del mar, la carga de la tierra y la altura del cielo, y por eso le pertenecen las tres propiedades: el callar, el gritar y el cantar”.

La reflexión de Gandhi es muy sugerente y da pie a formular algunas reglas para vivir con provecho ese “regalo” y “tarea” a la vez, que se nos da y que efusivamente saludamos al estrenar, cada año, la primera página del calendario

La primera es:

 “Habita el océano profundo de ti mismo”. Llega hasta tu raíz cultivando el silencio, el reposo, la distancia del ruido y de la superficialidad. Aprende a estar en ti sin desparramarte entre las cosas. Bebe el agua refrescante de tu pozo y riega con ella las semillas que siembres en los surcos de la vida.

La segunda puede formularse así:

 “Mira hacia arriba”, al espacio sutil que las aves habitan y alegran con sus cantos. El cielo azul inundado de claridad también es tu casa. Para entrar en ella debes impulsarte, debes aprender a cantar y a vivir en la alegría. Debes dejar que Dios, que “está en ti” y también “más allá de ti”, te inunde con su luz y te eleve con su fuerza.

La tercera:

 “Sal al encuentro de la tierra”. Después de aprender el silencio y el canto, es decir, la profundidad del encuentro contigo mismo y la alegría del beso de Dios, entonces puedes salir al encuentro de la tierra. La tierra es como un grito oscuro y desgarrado; es como aullido de chacal, cuando es sólo tierra; cuando se la desposee del cielo y del mar, cuando pierde la alegría del cielo y el silencio del océano, la tierra se vuelve grito desgarrado de lucha, dolor, amargura y muerte.

Pero si la tierra es abrazada por el cielo y por el mar, entonces el grito se torna “canción, encuentro, amor y fraternidad”. Y entonces recobran su belleza y su sentido las cosas como “hogar” del hombre, y los demás hombres, como “hermanos”.

Si aprendes a vivir en armonía con tu ser, con Dios y con el mundo, tu vida será nueva y feliz, y además, una suerte para todos. El Ángel de la Navidad nos ha anunciado la llegada del SALVADOR. Él abraza cielo y tierra y ofrece a todo hombre la posibilidad de llegar a ser “hijo de Dios”. Abre tu corazón a Cristo para que Él sea tu camino, tu verdad y tu vida y experimentarás la SALVACIÓN.

Pedro Pérez. Parroquia Czón de María (Zaragoza)

Miércoles 1ro de enero de 2020, por Parroquia Corazón de María (Zaragoza)


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