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DOMINGO 32B

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Monición de entrada Amigas y amigos, sed bienvenidos a esta celebración de la misa familiar.

Un domingo más, Jesús nos ha invitado a su fiesta y nosotros hemos acudido con alegría, porque queremos escucharle y participar de su banquete.

Sin darnos cuenta en casa no valoramos lo que tenemos y somos muy exigentes: nuestra frase es “mamá, papá, cómprame esto, por qué no me regalas lo otro, esto no me gusta, ponme de aquello...,

La abundancia impide que apreciemos lo que tenemos.

Hoy, Jesús nos quiere enseñar algo muy importante y práctico. ¿Qué es eso? Muy pronto lo vais saber. Ahora vamos a cantar, pedir perd6n y luego escucharemos a Jesús.


EL SÍMBOLO:


Peticiones de perdón

1. Porque pensamos que ser buenos es tener éxito en los deportes, destacar entre nuestros amigos, en lugar de tener buen corazón decimos, Señor, ten piedad.

2. Porque admiramos a la gente famosa y no nos fijamos en las personas buenas que viven a nuestro alrededor sin llamar la atención decimos, Cristo, ten piedad.

3. Porque nos dejamos llevar por los que más hablan, sin embargo, no prestamos la más mínima atención a los que son sencillos te decimos, Señor, ten piedad.


Evangelio Mc 12, 38-44

Jesús: (Se dirige a sus discípulos) Mirad esa plaza y decidme qué es lo que veis.

Discípulo 1: Gente importante que compra en el mercado, que se llena la tripa en los banquetes y que entra a rezar en el templo.

Jesús: ¿Qué os parece su comportamiento?

Discípulo 2: Muchos de ellos son muy presumidos; algunos incluso son bastante abusones y orgullosos.

Jesús: Yo os digo: cuidado con los letrados; le encanta pasearse con trajes elegantes y que les hagan reverencias en las plazas. Buscan los primeros puestos en los templos y en los banquetes y se quedan con el dinero de las viudas.

Jesús: ¿Qué veis ahora, entre la gente que acude al templo?

Discípulo 3: Tres señores importantes y una pobre viuda.

Jesús: ¿Podéis averiguar qué limosna han dado?

Discípulo 4: Los tres señores ricos han entregado cantidades elevadas de dinero; la viuda ha dado muy poco. Jesús: Amigos, esa pobre viuda ha echado en la bandeja más que nadie. Porque los demás ha echado de lo que les sobra y ella ha dado lo que necesitaba para vivir.


JUEGO DE LOS CORAZONES

Peticiones

1- Por nuestros padres, por nuestra familia y por nuestros amigos, por todos aquellos que nos quieren de verdad y que sin embargo no apreciamos como se merecen, roguemos al Señor.

2- Por todos los niños y niñas de nuestra parroquia. Para no nos dejemos deslumbrar por las apariencias, por la riqueza y la ostentación y valoremos más la entrega de la gente sencilla, roguemos al Señor.

3- Por todos los que participamos en esta celebración eucarística, para que no caigamos en la tentación de valorar sólo a los que son importantes y tienen prestigio... y sepamos rodearnos de gente de buen corazón, roguemos al Señor.

4- Por las personas más necesitadas: los pobres, los que tienen dificultad para llegar a fin de mes, los enfermos, los que no tienen trabajo..., roguemos al Señor.


UNA CANCIÓN:

Qué suerte es tener un corazón sin puertas
Qué suerte es tener las manos siempre abiertas.


DOS HISTORIAS:

- Un domingo un niño miraba a su madre que echaba en el cestillo de la colecta una moneda de cinco céntimos.
Cuando volvían a casa la madre criticaba el aburrido sermón del cura.
El niño le contestó: ¿qué más puedes pedir por cinco céntimos?

- Dos peregrinos caminan por el desierto. A uno de ellos se le acabó el agua. Y le dice al otro: "Dame agua de tu cantimplora" A pesar de que él también la necesitaba, le dio su agua.

Los dos siguieron caminado en silencio. El que había recibido el agua rompió el silencio y le dijo a su compañero: "Dame, por favor, un poco de esa fuerza interior que te ha empujado a darme el agua que tú necesitabas"


TRES LECCIONES

- Ser generosos incluso en la necesidad.
- Llenar la vida de detalles hacia los otros (cada día)
- Mirar con ojos positivos a los demás.


DARLO TODO

El hombre que estaba tras el mostrador, miraba la calle distraídamente. Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul. “Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?”, -dice ella-.

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó: “¿Cuánto dinero tienes?” Sin dudar, ella sacó de su bolsillo un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz: “¿Esto alcanza?”

Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa: "Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella misma. Hoy es su cumpleaños y este regalo la hará muy feliz porque el collar tiene el mismo color de sus ojos".

El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, lo envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde. Y dijo a la niña: “Toma. Llévalo con cuidado”. Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.

Aún no había terminado el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho y preguntó: “¿Este collar fue comprado aquí?” -Respondió el dueño de la tienda: "Sí señorita". Ella preguntó de nuevo: “¿Y cuánto costo?” "¡Ah!", -exclamó el hombre-. “El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente”. La joven continuó: “¡Pero mi hermana tenía sólo algunas monedas! Este collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo”.

El hombre tomó el estuche, rehízo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven diciéndole: “Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar. ¡ELLA DIO TODO LO QUE TENIA!”

El silencio llenó la pequeña tienda y cuatro lágrimas rodaron por las caras emocionadas de la joven y del dueño de la tienda, en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

(Anónimo)

Sábado 7 de noviembre de 2015, por Parroquia Corazón de María (Zaragoza)


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