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DOMIGO XVIII ( C )

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Una lechera llevaba en la cabeza un cubo de leche recién ordeñada y caminaba hacia su casa soñando despierta. "Como esta leche es muy buena", se decía, "dará mucha nata. Batiré muy bien la nata hasta que se convierta en una mantequilla blanca y sabrosa, que me pagarán muy bien en el mercado.

Con el dinero, me compraré un canasto de huevos y, en cuatro días, tendré la granja llena de pollitos, que se pasarán el verano piando en el corral.

Cuando empiecen a crecer, los venderé a buen precio, y con el dinero que saque me compraré un vestido nuevo de color verde, con tiras bordadas y un gran lazo en la cintura.

Cuando lo vean, todas las chicas del pueblo se morirán de envidia. Me lo pondré el día de la fiesta mayor, y seguro que el hijo del molinero querrá bailar conmigo al verme tan guapa.

Pero no voy a decirle que sí de buenas a primeras. Esperaré a que me lo pida varias veces y, al principio, le diré que no con la cabeza. Eso es, le diré que no: "¡así! "

La lechera comenzó a menear la cabeza para decir que no, y entonces el cubo de leche cayó al suelo, y la tierra se tiñó de blanco. Así que la lechera se quedó sin nada: sin vestido, sin pollitos, sin huevos, sin mantequilla, sin nata y, sobre todo, sin leche: sin la blanca leche que le había incitado a soñar.

Fábulas de Esopo.


LOS LÁZAROS

los hijos de la calle,
los parias de siempre,
los sin techo,
los sin trabajo,
los desarraigados,
los apátridas,
los sin papeles,
los mendigos,
los pelagatos,
los andrajosos,
los pobres de solemnidad,
los llenos de llagas,
los sin derechos,

los espaldas mojadas,
los estómagos vacíos,
los que no cuentan,
los marginados,
los fracasados,
los santos inocentes,
los dueños de nada,
los perdedores,
los que no tienen nombre,
los nadie...


CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA.

ENTRADA.

Bienvenidos a la Eucaristía. Los hombres reaccionamos ante el dinero como un bien deseable. Se quiere un sueldo mejor…, se pretende un nivel de vida más elevado…, se envidia a quienes sonrió la lotería… ¡Nos olvidamos que la vida es “algo más”!

La celebración eucarística de hoy nos puede llenar de luz. Sólo el que atesora bienes que sean valores ante Dios y para los hermanos, sacará provecho para la vida definitiva.

ACTO PENITENCIAL.

Reconociéndonos pecadores, abramos nuestros corazones a la gracia del Señor.

1. Por haber buscado más las cosas de la tierra que las del cielo: SEÑOR, TEN PIEDAD.
2. Por no haber sabido compartir nuestros bienes con los necesitados: CRISTO, TEN PIEDAD.
3. Por aferrarnos a las ambiciones terrenas y al espíritu del mundo: SEÑOR, TEN PIEDAD.

1ª LECTURA.

[ Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23 ] Esta lectura declara la inconsistencia de las cosas terrenas que pasan con la fugacidad del viento: “¡Vanidad de vanidades…, todo es vanidad! Nada tiene sentido en la vida, si no hay una esperanza fundada en la promesa de Dios.

SALMO. Oramos con unos versículos del SALMO 89.

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. (Bis).

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: “Retornad, hijos de Adán.”
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

2ª LECTURA.

[Colosenses 3,1-5. 9-11] Rico pasaje doctrinal el de la segunda lectura. ¡Muertos y resucitados con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, no los de la tierra!

Aclamación antes del Evangelio:

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

EVANGELIO.

[Lucas 12, 13-21] El texto evangélico está en la misma línea de las lecturas ya proclamadas. Jesús nos pone de manifiesto que “si no somos ricos ante Dios, de nada nos valen los bienes de la tierra”.

COMUNIÓN.

Pidámosle a Jesús la gracia de saber caminar por este mundo como peregrinos y forasteros hacia nuestra Patria definitiva…

FINAL.

Hermanos: Si queremos seguir la doctrina y el ejemplo de Jesús, comencemos orando con el sabio del Antiguo Testamento: “Señor, no me des riqueza ni pobreza, sino sólo lo necesario para la vida”.


ORACIÓN DE LOS FIELES.

Conscientes de lo difícil que es librarse de la ambición y el egoísmo para ir a Dios y vivir según su voluntad, presentemos con humildad nuestras súplicas. Respondemos: TE LO PEDIMOS EN NOMBRE DE JESÚS.

 1. Por la Iglesia entera, extendida de Oriente a Occidente: Para que acierte a proclamar la justicia y el amor en el uso de los bienes materiales. Oremos.

 2. Por el Papa, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas consagrados a Dios: para que sean los primeros en testimoniar vitalmente el valor de los bienes eternos. Oremos.

 3. Por los organismos internacionales, y por las naciones más ricas y poderosas: Para que promuevan eficazmente el desarrollo de los países más desafortunados. Oremos.

 4. Por las personas que abundan en bienes materiales: Para que los administren con sentido de justicia social. Oremos.

 5. Por los que carecen de lo necesario para llevar una vida digna: Para que, con la solidaridad de los cristianos, encuentren las condiciones de su promoción humana. Oremos.

 6. Por nosotros y por los cristianos en general: Para que amemos menos los bienes de la tierra, y busquemos con entusiasmo los valores eternos para ser ricos ante Dios. Oremos.

Dios, Padre nuestro, que ves cómo los hombres vivimos dominados por una sed de consumo y bienestar: Haz que sepamos dar el justo valor a los bienes perecederos, de manera que lleguemos a poseer los eternos. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. AMÉN.


Sábado 30 de julio de 2016, por Parroquia Corazón de María (Zaragoza)


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